11/2/17

Seis poemas de Javier Domingo Aruquipa Paredes



Robles petrificados 

hemos de morir tan frágiles como vinimos al mundo 
nuestros cuerpos serán hierba / robles petrificados 
piedras mansas en recodos ocres 

el polvo se adueñará de lo que somos 
y nos vestirá de silencio humano 
para hacer cantar a las cumbres 
a los nevados / al charco / a la ceniza 

volveremos a recibir las noches y sus oscuridades / entonces 
las tormentas y sus relámpagos / entonces 
y todo será enigma 
inexorable vacío que puebla la existencia 
implacable e iracundo silencio que estrangula 

nadie lo supo / tan solo lo intuimos 

la muerte es metamorfosis del polvo 
que se cubre de sustancia y vive 
mientras dura el eco de la palabra 

es la arrogancia del gesto de eso que llamamos dios 
en medio de otras alteraciones 
leve movimiento que nos arranca y nos arroja a la muda 
como eterno retorno a ser ceniza 
de lo que será por el instante 

accidente / para algunos 
existencia / para otros 



Las sombras 

las sombras son muchas 
en cualquier calle que se precia transitada
sus cuerpos corren
andan a pasos rápidos y no se tocan
mas las sombras parecen hacerlo
con una sutilidad misteriosa

en realidad
ellas no se tocan
danzan al son de las pisadas
como hilos de agua 
que trascienden las formas 

su silencio es necesario
ya que sin él
su  misterio y su propia danza 
desaparecerían

desaparecerían como nosotros
en el preciso instante en que tuvieran un cuerpo
y anduvieran a pasos rápidos
sin tocarse

por esta virtud
las sombras son eternas al sol o a la luna

no importa que el cuerpo muera
ya que ellas
sin ninguna pena
se acoplan al eco de extrañas pisadas
al polvo de otras calles y sus murmullos
al ruido de aquellas ventanas llenas de herrumbre
o a los recuerdos viejos y gastados 
que pesan en la joroba de la gente que no se toca 
y camina

total
como se dijo
ellas trascienden las formas
como hilos de agua perenne
        taciturnas
  danzarinas


Los suicidas 

los perros lo saben
su aullido lo repite cada noche

tras la tela de la araña que trepa las ramas de la mandrágora
el eco de aquellas letanías predica lo indecible
que cunde los espacios hasta la guarida del gusano
oculto en lo más profundo del bosque

los sauces y las polillas descifran el tiritar de aquel canto
plasmado en la nonágona colmena de la tejedora
atestada de cuerpos que antes tenían sombra 
y que ahora no son más que ovillos de la muerte 
llamados suicidas

las malas lenguas dicen
que aquellos muertos no son dignos de ser nombrados
que su cobardía pudo más que la propia vida
que no merecen siquiera una lágrima de llanto
que el infierno es su morada y el olvido su castigo

pero yo pienso lo contrario
los suicidas no son fantasmas que merodean la penumbra
ni almas en pena que regresan al hogar que tuvieron
los suicidas son las verdaderas sombras que hacen la noche
que danzan al son de humanos lamentos 
y conversan plácidamente con los perros    

los perros lo saben
su aullido así lo anuncia cada noche

¡hay tanta vida en la muerte
como tantas muertes para estar vivo!
¡y hay tantas formas de escapar del espanto!
que basta pelear lo cotidiano
o correr al puente más alto y lanzarse

la magia radica en esto último
pues cuando uno apresura la muerte 
transmuta su ser a lo perenne
despojándose del peso de sus huesos y la carne para 
desde lo oscuro
dejarlos caer en las redes de la araña 
que hará con ellos el ovillo que sacie su fétida palabra

los perros lo saben 
su aullido lo canta cada noche

dicen las malas lenguas
que sus lágrimas secas nos hacen ver su secreto
que si uno las unta a sus ojos sin llanto 
en noche de luna nueva 
podrá saber las razones de los muertos
pero no de aquellos que partieron sin remedio
sino de los otros
a los que nos llaman suicidas

cuando mengua la luna o está llena
ellos se atreven a contar los enigmas 
de aquella extraña metamorfosis
que a nuestros oídos es malagüero
ayes o lamento

pero que en el fondo 
es fiesta perpetua
danza de lo eterno

los perros lo saben
su aullido anuncia la fiesta cada noche 

el anhelo de las sombras 
que todavía están atadas a las formas
es danzar por siempre junto a las otras
libres de un retorno inesperado al cuerpo

los suicidas tienen tal privilegio
pues no hay cuerpo ni forma que los retenga
en su baile invisible al son del canto de los perros
que no hacen más que repetir el divino secreto
cada noche
como lamento

si la metáfora es válida y el chisme cierto
bastará con buscar un perro 
robarle sus lagañas
untárselas a los ojos
para contemplar las verdaderas sombras
las que hacen la noche
las que repudiaron el cuerpo

bastará con hacer caso a las malas lenguas
dejarse caer en la telaraña de la mandrágora
y ser parte de los indignos
que no merecen siquiera el recuerdo

por lo visto
es simple
muy simple
el misterio de la luz y las sombras está en ellos
su aullido así lo anuncia cada noche
tras la luna
    bajo el cielo
en las calles
      los perros saben el secreto 



El blues del muerto 

estoy muerto
y sin embargo respiro

la realidad me sofoca 
y este cuerpo que poseo
pudre mi alma
que en lo más ínfimo
en mis ojos centellea

estoy muerto sí
por qué negarlo

míos son los huesos
mía la carne
y estos ojos que poseo
y no pretendo vida ajena que no sea la mía
total
un muerto es feliz en su propia tumba

mi espíritu escapó aterrado
cuando supo que yo estaba muerto
ahora vivo sin su consejo
como
bebo
bailo
quiero
me peino

pero cuando me miro en el espejo
recuerdo que estoy muerto

ya no amo sí
tampoco sueño
esas cosas no van acorde con los muertos
los muertos solo piensan y viven despiertos
en una realidad que sofoca
y pudre el alma en el cuerpo


Pájaros muertos 

maté pájaros azules en la travesura de sentirme Dios en la poesía 
maté cisnes / oscuras golondrinas / albatros torpes en tierra
maté gaviotas de novela / garzas de fábula / cuervos negros de presagio 
maté colibríes menudos / palomas blancas 
jilgueros cantarines / ruiseñores 
alondras enamoradas / pinzones reales
maté águilas de escudo / cóndores 
tucanes amaestrados / halcones de alto vuelo 
maté buitres carroñeros / petirrojos tiernos 
mirlos murmuradores / búhos sabios…

sin piedad desplumé sus cuerpos y me comí sus carnes 
e hice caldo de sus huesos que compartí con los míos 
ya que a los otros les parece insalubre la alquimia

del plumaje diverso y policromo de todos ellos 
construí dos alas y una cola / con las que ahora vuelo muy alto 
no sé si para escapar de mí mismo o para alcanzar al astro rey que me llama 
no sé si para encontrar algo distinto o para dejar huellas diferentes / en el alma

sólo espero que la cera no se derrita y si así sucede 
que mis huesos no sientan la estrepitosa caída de volver a ser humano 
por la arrogancia de sentirme libre    


Noche 

canto a los abatidos en delirio 
que por veneno tuyo agonizan todas las posibilidades 
de la artesanía de versificar imágenes 
en signos enmarañados en cuadros de pintura de querosene 
colgados en iglesias de adobe 
con el único propósito de maldecir a dios 
por la infusión del alcohol 

canto a los eucaliptos inmensos 
que danzan las tempestades que siembras 
a los gusanos que roen la ignominia colectiva y gratuita 
que nace del temor a tu abrazo

tuya es la potestad de cernir las almas que te son propicias 
los cuerpos que cumplirán tu lascivia 
tuyo el señorío de los lupanares 
que acogen a sacerdotes del licor 
que escriben tu mutismo

llueves tormentos en la cuenca de los ojos 
donde se contempla ojos ajenos de horizontes abandonados 
llueves lagartijas pequeñas / salmos herejes 
en desiertos inhóspitos que azotan a peregrinos de lenguas extrañas

eres el rostro de todas las caras del tiempo 
las ojeras de amanecidos perros 
que aúllan a sombras de amanecidos perros 
perdidos y ebrios 

eres la demencia de lo agrio del vino 
el espejo torcido 
el mismísimo demonio cansado
que ofrece más pena y dolor
que piel 
y sexo



Javier Domingo Aruquipa Paredes. Poeta boliviano. Responsable del colectivo “Delírium Trémens”: poesía música y arte plástico. Docente universitario de la especialidad de Lengua Castellana en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) y la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Editor de “Miradas, Revista de Lingüística e Idiomas” y “Apu, Revista de Lengua y Cultura”. Es autor del libro “Semiótica del Graffiti Feminista” (2008), publicado por el Instituto Boliviano de Lexicografía y otros Estudios Lingüísticos y por el Instituto de Estudios Bolivianos de la UMSA. Publicó en poesía y de forma independiente: “El amanuense” (2002), “Las Sombras” (2009), “Saudade” (2 012) y “Acto de mirarnos” (2 015). Los poemas incluidos acá pertenecen a dos libros inéditos.