31/10/17

Poemas de Chen Chen



Poema en ruidosos bocados

No puedo dejar de comerlas, palomitas de microondas con extra mantequilla.
No puedo dejar de verte, película alquilada sobre una familia de inmigrantes
Libaneses. No puedo evitar llorar, viendo a la familia decir

adiós a los parientes en el aeropuerto de Beirut - lágrimas saladas mezclándose con
la sal de las palomitas. No puedo ocultar mi descomposición, del amigo a mi lado.
No pude responder a su pregunta. ¿Te recuerda a tu familia cuando salieron de China?

Quiero decir, No, es completamente diferente, que en muchos sentidos lo es, pero
realmente estoy recordando lo que un amigo escritor me dijo una vez, Todo lo que escribes es sobre ser gay o chino- de cómo no puedo superar eso, y me pregunto si es verdad,

si todo lo que escribo es de alguna manera una narración de inmigrantes u otra
historia sobre salir del closet. Recuerdo un poema reciente, sobre pescateros en Seattle, y eso me hace feliz; está claro que ese no va sobre ser gay o chino.

11/8/17

Poemas de Sony Q. Ton Aime





El Circulo

El pigmeo que saltó por primera vez al río Congo
Podría enseñarle a De Soto algo sobre el Mississippi.
Es la mismo agua que fluye en nuestros corazones y nuestras venas
Del río Jordán hasta el altar del último sacerdote chileno

La embarazada que rompe fuente no realiza menor
Hazaña que la de Moisés ante el mar rojo.
Los hombres que fueron a la luna trajeron su lodo con ellos,
También lo hace la mujer que salta, abierta de piernas, en el volcán.

Antes de que el Mesías conociera a Juan el Bautista,
Nuestros antepasados adoraban el sol, las rocas y los árboles
Hasta que un lluvioso día de octubre, el río masacre corrió con Sangre y carne, llevando en su lecho sus falsos dioses y su         esperanza.

Cuando era niño, mi mamá me dijo que el futuro 
Era una serpiente que se traga la cola. En cambio, 
Mi padre decía que era un perro chupando su propio pene, 
Que seguro tendríamos otro Gandhi, otro Einstein, King, Kennedy, y sin duda otro Adolf.
La vida continuará con sus elementos, cerrando su círculo.

24/7/17

Poemas de Rossalinna Benjamín


Cuerpo en el tocador

¡Corran, gentiles, hay un cuerpo en el tocador!
En tu fondo frío se ven venir morbosos y asustados
me gozo imaginando mis contusiones
llaga fresca
torrente rojo desde mi cara al lavabo
Atreviéndose viscosamente hacia el otro abismo bajo la puerta.
¡Ah, espejito, espejito! ¿No es hermosa tal rotura?

Craaackkkk sostenido de las bisagras…
Turbada delicia del drama en ciernes
Sadismo atento mi cuello en su ajena curvatura
hacia mis manos que se frotan bajo el chorro tibio.
Espejito, espejito…¿no es hermosa tal tortura?

Una mujer se apiada
me presta su sombra
otra, mas bella aún, me echa unos polvos
un travesti moviendo la cabeza incrédulo
me pone su oscura mascara
resignada coloreo mis labios a mordidas
y levanto la mirada temiendo lo inevitable...
se alejan decepcionados y murmuran en el pasillo:
¡Bah! No hay ningun cuerpo.
Apenas una infeliz retocándose el ser para afrontar la burla
de las sobras de esta existencia puta y su piedad
de pacotilla
¡Qué tontería!
Me aligero.

Mi puño contra tu estampida
escupe a chispazos la única sangre que correrá
por las patéticas venas de esta noche sin rugidos.
En la angustia fractal de tu certeza rota...
Se va ensayando de a poco esta belleza obligada
¡Maldito, espejito!
¿Eso soy, esta grieta?

15/6/17

Tres poemas de José Watanabe



El guardián del hielo 

Y coincidimos en el terral
el heladero con su carretilla averiada
y yo
que corría tras los pájaros huidos del fuego
de la zafra.
También coincidió el sol.
En esa situación cómo negarse a un favor llano:
el heladero me pidió cuidar su efímero hielo.

Oh cuidar lo fugaz bajo el sol…

El hielo empezó a derretirse
bajo mi sombra, tan desesperada
como inútil.
                 Diluyéndose
dibujaba seres esbeltos y primordiales
que sólo un instante tenían firmeza de cristal de cuarzo
y enseguida eran formas puras
como de montaña o planeta
que se devasta.

No se puede amar lo que tan rápido fuga.
Ama rápido, me dijo el sol.
Y así aprendí, en su ardiente y perverso reino,
a cumplir con la vida:
yo soy el guardián del hielo.

1/6/17

Cinco poemas de Marcos A. Blonda





Una línea

Para Sandra Alvarado

Es a partir de trazar una línea que se hacen las cosas.

Construyes una estructura provisional y fijas un punto, luego
es sólo cuestión de un hilo y cal y hendir la tierra donde la marca señala.

Es siempre a partir de una línea…

Te miro, me miras y nos enredamos en un abrazo de cuerpo completo.

Todo se pierde entonces: las nociones, los ritos, las leyes escritas en papel o en piedra.

Da lo mismo, todo da lo mismo.

No pensaba que fueras posible más allá de las ideas que de ti me hacía.

No creía en ti, en la posibilidad de ti.

No creía en tu estatura o tu voz, ni en tu pelo o tus manos tan pequeñas.

No creía en el teatro, en la persona o el coro de los antiguos griegos  con sus máscaras perdidas en Epidauro.

Había olvidado a Sófocles y a Eurípides en un escrito de mis años de escuela.

Hasta que apareciste y trazaste una línea con la que empezó todo.

29/5/17

Un poema de Frank O' Hara



Memorial day, 1950 

El mundo y Picasso me hicieron duro y rápido;
como cuando en un minuto derribo los árboles 
fuera de mi ventana con un equipo de creadores.
Una vez que El empezaba con su hacha, todo el mundo estaba lo suficientemente molesto para luchar por la última zanja y el último
montón de basura
                            A través de toda esa cirugía pensé
que tendría mucho que decir, y nombré varias cosas 
para las que Gertrude Stein no había tenido tiempo; 
pero entonces la guerra había terminado, esas cosas habían
sobrevivido e incluso cuando tienes miedo el arte 
no es un diccionario. 
Esto según Max Ernst.

21/5/17

Cinco poemas de Tal Nitzán




Habitación Número 10

La primera noche no dormí porque cómo puede defenderse una
persona echada de espaldas.

La segunda noche no dormí porque el aire se quedó sin aire
viniendo hacia mí.

La tercera noche no dormí porque todos los perros del pueblo se
pusieron a reclamar algo con insistencia.

La cuarta noche no dormí porque otro encontró dentro de una
campana pesada ese sueño que siempre deseé para mí.

La quinta noche no dormí porque los seis ángeles endebles que vi
en la iglesia zumbaban en la habitación hambrientos de mi sangre.

La sexta noche no dormí porque el perro de la pata rota que estaba 
en el camino seguía ahí como una señal cuando volví con su patita
colgada en el aire y sus ojos colgados en mí.

La séptima noche no dormí porque el cielo se puso verde como una
botella.

La octava noche no dormí porque tumbaron a un niño de rodillas y
no gritó o gritó y no lo escucharon.

La novena noche no dormí porque no tenía el cómodo sillón de
Matisse tapizado de terciopelo rojo y no me importó y estuve
sentada contemplando largo tiempo las cortinas que ondeaban en la
brisa y no pasó nada y no me importó y no tenía un buen paraguas
firme de los que no se dan vuelta por cualquier viento y no me
importó y alguien retorció mis palabras entre sus manos una a una
y no me importó y no supe no supe cuándo en esta vida mía
volvería a escuchar el dulzor de aquella música antes de morirme
como todos los demás y me importó.

Traducción: Adam Gai y Tal Nitzán

17/5/17

Nueve poemas de Delana Dameron






Al cuerpo, una elegía  
              Repentinamente el cuerpo dice noche.
                             Cyrus Cassells

El cuerpo no es
un insomne, algún 
sonámbulo crepuscular.
Se vuelve para acomodarse
según le plazca, a veces
en contra de tu voluntad.

El cuerpo elige
sus particulares escapadas
a las partes  traseras de la casa.
Buenas noches talón, boomerang
de huesos y tendones.

Buenas noches pies, planos
morteros de la tierra.

Vienen los doctores
a cortarte
a cubrirte con vendajes
de blanco lino. Ves,
tus piernas, tus troncos
de secoya desprovistos
de la corteza de su piel,
en peligro. Buenas noches
riñón, descendido hace tiempo
a un profundo coma,
necesitando máquinas para comer
o beber. Para él,
no hay despertar.

Tu brazo izquierdo hace
tiempo se retiró bajo las
sábanas. Tío, descansa
tu perfecta diestra
que nunca conoció derivación
o aguja, descánsala
para que aterrice la intravenosa. Juntos,
decimos buenas noches al corazón
que ya te ha fallado una vez.

Pero los ojos, ellos se niegan.
Tu boca no quiere irse
tan rápido. Así
que váyase despidiendo, Tío.
Repita sus cien adioses.
Mire esa bendita
bandada de aves
cruzando su ventana.

21/4/17

Cuatro poemas de René del Risco




El viento frío 

Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por calles en donde empieza a caer la noche.
Debo buscar la sonrisa de mis camaradas
y tocar en el hombro a una mujer
que lee revistas mordiendo un cigarrillo;
ya no es hora de contar sordas historias
episodios de irremediable llanto,
todo perdido, terminado...
Ahora estamos frente a otro tiempo
del que no podemos salir hacia atrás,
estamos frente a las voces y las risas,
alguien alza en sus brazos a un niño,
otros hay que destapan botellas
o buscan entretenidamente alguna dirección,
una calle, una casa pintada de verde
con balcones hacia el mar...
Debo buscar a los demás,
a la muchacha que cruza la ciudad
con extraños perfumes en los labios,
al hombre que hace vasijas de metal,
a los que van amargamente alegre a las fiestas.
Debo saludar a los camaradas indiferentes
y a los que viajan hacia otra parte del mundo,
porque todo ha cambiado de repente
y se ha extinguido la pequeña llama
que un instante nos azotó,
quemó las manos de alguien, el cabello,
la cabeza de alguien.
Ahora se acaban aquellas palabras,
se harán ceniza del corazón,
se quedarán para uno mismo...
Es hermoso ahora besar la espalda de la esposa,
la muchacha vistiéndose en un edificio cercano,
el viento frío que acerca su hocico suave
a las paredes,
que toca la nariz, que entra en nosotros
y sigue lentamente por la calle,
por toda la ciudad...

18/4/17

Ocho poemas de Álvaro Neil Franco Zambrano



Bocachico mono 


Para Álvaro Franco, mi padre


Brilla todavía
en la sonrisa de mi padre
el paso del bocachico mono
el que no sabe a barro
y canta con sus labios pequeños
la soledad de los pantanos
Su palabra resbalosa
desgajada del fondo de los plátanos
inunda la mesa de la casa
con el lomo marrón del Magdalena
Cómo suda mi padre
mientras atraviesa
con sus brazos marchitos
la corriente espinosa de historias
que lo mantienen vivo
Cómo toca madera y reparte coletazos
para espantar la carne azul
donde empieza el olvido.

11/4/17

Cuatro poemas de Henry Alexander Gómez




Gallinas

En las mañanas,
largos instantes me revelaron
el juego de su pluma,
el cacareo del mundo desde
una noble idiotez.

Su peculiar danza
me habló de un linaje perdido,
la firme intención de ser viento borrado. 

Entendí, entonces, la difícil tarea
de romper
con las ataduras del aire,
la música cercana de escarbar en la tierra.

Es verdad que en las gallinas
el día ha encontrado su eje, 
el cordón umbilical
en el que sostiene la luz.

Al igual que ellas, escribo la dicha
de ser pájaro caído.

A Felipe García Quintero

6/4/17

Tres poemas de J J Junieles





Como aire  que se lleva el mundo

A la memoria de mi padre


A dónde tu pecho y las viejas palabras
hoy que los muros y el bronce publican tu nombre,
hoy que me dan ganas de tirarle piedras a Dios,
y casi puedo verte, mi viejo,
lejano y triste, como un santo sin milagros ni día de fiesta.
Cordero mudo ante el pastor que lo ha esquilado.

Que los vivos griten lo que los muertos callan,
padre(incomprensible rostro del amor),
te imagino en un lugar donde los caminos ya no tienen orillas,
donde la hierba no se dobla cuando la pisas.

De allá vienes, alma de mi alma,
como aire que se lleva el mundo,
un fantasma atravesando paredes para llegar hasta esta página:
tú, para limpiarte las cenizas,
yo, para calmar mi pena.

Los años se llevan tanto de nosotros,
pero dejan la respuesta para todas las preguntas:
que nada importa, viejo, que todos somos inocentes,
que ya podemos dormir tranquilos.

4/4/17

Cuatro poemas de Santiago Rodas



Animales aplastados

Algún animal es atropellado
y queda su cuerpo
tendido en el pavimento

Los carros les pasan por encima
y los aplastan hasta hacerlos
una masa negra

los mismos carros
a las mismas horas

Lentamente los cuerpos
desaparecen
como si alguien limpiara,
en silencio,
la piel y los huesos.

12/3/17

Cinco poemas de Yolanda Castaño


Yolanda Castaño por Alberto Pombo


Less is more 

No me dijo
si te contase lo repugnante que me parece tu boca,
el charco de tus hormonas pringosas y clamantes.
Preferiría meter los dedos en un cable de alto voltaje
que mi cara en la redondez irrespirable de tus tetas.
No me dijo
así se me caiga encima ahora mismo un fardo de piedras
antes que la responsabilidad de tus noches de fiebre,
que corra el aire entre mi vertical
y el pastel de jengibre de tus ganas.
Antes quiero alfileres en la cuenca de los ojos
que sorber la gelatina de tus debilidades.
No me dijo fuck off, no me dijo vete
a la mierda.
Prefiero un dolor de oídos, un puño en la boca del estómago.
Me repugna el fragor así tan rural de tu hambre,
escuchar a tus piernas a gritos
como lechoncillos rosados abiertos a hachazos.

Simplemente
él no me dijo.



De La segunda lengua  (ed bilingüe, Visor, 2014)

7/3/17

Un poema de G. A. Chaves

G.A. Chaves por Fabián Yuan

POR EL RÍO SINUOSO

Hoy como ayer, es difícil escribir
un poema simple. Eso dijo Mei Yao Ch’en.
Llevo horas leyéndolo a él y a Tu Fu, y he notado
que casi todos sus poemas están escritos en presente:
alguien canta una canción del Sur;
es primavera en las montañas; un halcón está
suspendido en el aire. El pretérito aparece
cuando se habla de la muerte: Tu Fu reporta que
un árbol del desierto perdió sus pocas hojas.
Mei Yao Ch’en, en un poema llamado Pena, declara:
“El cielo se llevó a mi esposa”. Pobre de él.
Al final de ese poema ya no ve ni a una sombra
en el espejo. La soledad es así; nos borra.
Una vez me perdí en un gentío — creo que fue
un 15 de septiembre; estábamos de paso en Alajuela
y era la primera vez que yo iba. Por una hora, más o menos,
me sentí tan solo que a veces me cuestiono
si realmente estuve ahí; y si lo estuve,
¿por qué no recuerdo a nadie? Si acaso me quedé
sentado al pie de un muro. Cuando mi hermano me encontró
fue como haber despertado de un sueño ajeno.
Pero volviendo a los versos,
los otros que encontré fueron estos:
“Es lo mismo con esta bella vida
que me era tan querida,” dichos por Mei Yao Ch’en
en Sobre la muerte de un recién nacido,
un poema que termina con una madre vertiendo
lágrimas de sangre, mientras sus pechos aún se llenan
con leche. Sólo que aquí no se usa el pretérito
sino el imperfecto, y algo suena a suspiro.
El pretérito es a la pérdida lo que el imperfecto
a la melancolía. No es lo mismo anhelar lo que se va
que llorar por lo perdido.

(Sobre la calle
una luna sin nubes
    anuncia el viento.)

26/2/17

Diez poemas de Amalia Iglesias Serna






La sed del río 

I

La inquietud sin la respuesta,
el río,
la costumbre de saber precipitarse
y dejarse arrastrar hasta la espuma
como quien quiere llegar a su retorno.
Un mapa yace enterrado en su sangre.
te he visto huir de la multitud para buscarlo.
Un cuerpo quiere escribirse solo,
en las afueras,
para ignorar las sombras que adelgazan.