21/4/17

Cuatro poemas de René del Risco




El viento frío 

Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por calles en donde empieza a caer la noche.
Debo buscar la sonrisa de mis camaradas
y tocar en el hombro a una mujer
que lee revistas mordiendo un cigarrillo;
ya no es hora de contar sordas historias
episodios de irremediable llanto,
todo perdido, terminado...
Ahora estamos frente a otro tiempo
del que no podemos salir hacia atrás,
estamos frente a las voces y las risas,
alguien alza en sus brazos a un niño,
otros hay que destapan botellas
o buscan entretenidamente alguna dirección,
una calle, una casa pintada de verde
con balcones hacia el mar...
Debo buscar a los demás,
a la muchacha que cruza la ciudad
con extraños perfumes en los labios,
al hombre que hace vasijas de metal,
a los que van amargamente alegre a las fiestas.
Debo saludar a los camaradas indiferentes
y a los que viajan hacia otra parte del mundo,
porque todo ha cambiado de repente
y se ha extinguido la pequeña llama
que un instante nos azotó,
quemó las manos de alguien, el cabello,
la cabeza de alguien.
Ahora se acaban aquellas palabras,
se harán ceniza del corazón,
se quedarán para uno mismo...
Es hermoso ahora besar la espalda de la esposa,
la muchacha vistiéndose en un edificio cercano,
el viento frío que acerca su hocico suave
a las paredes,
que toca la nariz, que entra en nosotros
y sigue lentamente por la calle,
por toda la ciudad...

18/4/17

Ocho poemas de Álvaro Neil Franco Zambrano



Bocachico mono 


Para Álvaro Franco, mi padre


Brilla todavía
en la sonrisa de mi padre
el paso del bocachico mono
el que no sabe a barro
y canta con sus labios pequeños
la soledad de los pantanos
Su palabra resbalosa
desgajada del fondo de los plátanos
inunda la mesa de la casa
con el lomo marrón del Magdalena
Cómo suda mi padre
mientras atraviesa
con sus brazos marchitos
la corriente espinosa de historias
que lo mantienen vivo
Cómo toca madera y reparte coletazos
para espantar la carne azul
donde empieza el olvido.

11/4/17

Cuatro poemas de Henry Alexander Gómez




Gallinas

En las mañanas,
largos instantes me revelaron
el juego de su pluma,
el cacareo del mundo desde
una noble idiotez.

Su peculiar danza
me habló de un linaje perdido,
la firme intención de ser viento borrado. 

Entendí, entonces, la difícil tarea
de romper
con las ataduras del aire,
la música cercana de escarbar en la tierra.

Es verdad que en las gallinas
el día ha encontrado su eje, 
el cordón umbilical
en el que sostiene la luz.

Al igual que ellas, escribo la dicha
de ser pájaro caído.

A Felipe García Quintero

6/4/17

Tres poemas de J J Junieles





Como aire  que se lleva el mundo

A la memoria de mi padre


A dónde tu pecho y las viejas palabras
hoy que los muros y el bronce publican tu nombre,
hoy que me dan ganas de tirarle piedras a Dios,
y casi puedo verte, mi viejo,
lejano y triste, como un santo sin milagros ni día de fiesta.
Cordero mudo ante el pastor que lo ha esquilado.

Que los vivos griten lo que los muertos callan,
padre(incomprensible rostro del amor),
te imagino en un lugar donde los caminos ya no tienen orillas,
donde la hierba no se dobla cuando la pisas.

De allá vienes, alma de mi alma,
como aire que se lleva el mundo,
un fantasma atravesando paredes para llegar hasta esta página:
tú, para limpiarte las cenizas,
yo, para calmar mi pena.

Los años se llevan tanto de nosotros,
pero dejan la respuesta para todas las preguntas:
que nada importa, viejo, que todos somos inocentes,
que ya podemos dormir tranquilos.

4/4/17

Cuatro poemas de Santiago Rodas



Animales aplastados

Algún animal es atropellado
y queda su cuerpo
tendido en el pavimento

Los carros les pasan por encima
y los aplastan hasta hacerlos
una masa negra

los mismos carros
a las mismas horas

Lentamente los cuerpos
desaparecen
como si alguien limpiara,
en silencio,
la piel y los huesos.

12/3/17

Cinco poemas de Yolanda Castaño


Yolanda Castaño por Alberto Pombo


Less is more 

No me dijo
si te contase lo repugnante que me parece tu boca,
el charco de tus hormonas pringosas y clamantes.
Preferiría meter los dedos en un cable de alto voltaje
que mi cara en la redondez irrespirable de tus tetas.
No me dijo
así se me caiga encima ahora mismo un fardo de piedras
antes que la responsabilidad de tus noches de fiebre,
que corra el aire entre mi vertical
y el pastel de jengibre de tus ganas.
Antes quiero alfileres en la cuenca de los ojos
que sorber la gelatina de tus debilidades.
No me dijo fuck off, no me dijo vete
a la mierda.
Prefiero un dolor de oídos, un puño en la boca del estómago.
Me repugna el fragor así tan rural de tu hambre,
escuchar a tus piernas a gritos
como lechoncillos rosados abiertos a hachazos.

Simplemente
él no me dijo.



De La segunda lengua  (ed bilingüe, Visor, 2014)

7/3/17

Un poema de G. A. Chaves

G.A. Chaves por Fabián Yuan

POR EL RÍO SINUOSO

Hoy como ayer, es difícil escribir
un poema simple. Eso dijo Mei Yao Ch’en.
Llevo horas leyéndolo a él y a Tu Fu, y he notado
que casi todos sus poemas están escritos en presente:
alguien canta una canción del Sur;
es primavera en las montañas; un halcón está
suspendido en el aire. El pretérito aparece
cuando se habla de la muerte: Tu Fu reporta que
un árbol del desierto perdió sus pocas hojas.
Mei Yao Ch’en, en un poema llamado Pena, declara:
“El cielo se llevó a mi esposa”. Pobre de él.
Al final de ese poema ya no ve ni a una sombra
en el espejo. La soledad es así; nos borra.
Una vez me perdí en un gentío — creo que fue
un 15 de septiembre; estábamos de paso en Alajuela
y era la primera vez que yo iba. Por una hora, más o menos,
me sentí tan solo que a veces me cuestiono
si realmente estuve ahí; y si lo estuve,
¿por qué no recuerdo a nadie? Si acaso me quedé
sentado al pie de un muro. Cuando mi hermano me encontró
fue como haber despertado de un sueño ajeno.
Pero volviendo a los versos,
los otros que encontré fueron estos:
“Es lo mismo con esta bella vida
que me era tan querida,” dichos por Mei Yao Ch’en
en Sobre la muerte de un recién nacido,
un poema que termina con una madre vertiendo
lágrimas de sangre, mientras sus pechos aún se llenan
con leche. Sólo que aquí no se usa el pretérito
sino el imperfecto, y algo suena a suspiro.
El pretérito es a la pérdida lo que el imperfecto
a la melancolía. No es lo mismo anhelar lo que se va
que llorar por lo perdido.

(Sobre la calle
una luna sin nubes
    anuncia el viento.)

26/2/17

Diez poemas de Amalia Iglesias Serna






La sed del río 

I

La inquietud sin la respuesta,
el río,
la costumbre de saber precipitarse
y dejarse arrastrar hasta la espuma
como quien quiere llegar a su retorno.
Un mapa yace enterrado en su sangre.
te he visto huir de la multitud para buscarlo.
Un cuerpo quiere escribirse solo,
en las afueras,
para ignorar las sombras que adelgazan.

11/2/17

Seis poemas de Javier Domingo Aruquipa Paredes



Robles petrificados 

hemos de morir tan frágiles como vinimos al mundo 
nuestros cuerpos serán hierba / robles petrificados 
piedras mansas en recodos ocres 

el polvo se adueñará de lo que somos 
y nos vestirá de silencio humano 
para hacer cantar a las cumbres 
a los nevados / al charco / a la ceniza 

volveremos a recibir las noches y sus oscuridades / entonces 
las tormentas y sus relámpagos / entonces 
y todo será enigma 
inexorable vacío que puebla la existencia 
implacable e iracundo silencio que estrangula 

nadie lo supo / tan solo lo intuimos 

la muerte es metamorfosis del polvo 
que se cubre de sustancia y vive 
mientras dura el eco de la palabra 

es la arrogancia del gesto de eso que llamamos dios 
en medio de otras alteraciones 
leve movimiento que nos arranca y nos arroja a la muda 
como eterno retorno a ser ceniza 
de lo que será por el instante 

accidente / para algunos 
existencia / para otros 

3/2/17

Un poema de Omar Pimienta


7.

un agente sospecha de ella
sospecha de él     sospecha de mí
sospecha de sí mismo y sobretodo sospecha del bebé

su trabajo sospechar
todo lo tuyo es sospechoso:tus lentes son sospechosos
                                            tus libros son sospechosos
                                            tu auto es sospechoso
                                            el día nublado es sospechoso
                                            la foto en tus documentos es sospechosa
                                            tu apellido es sospechoso
                                            tus orejas son particularmente 
                                                        sospechosas
                                             las huellas de tus dedos
                                             más que nada son muy sospechosas 

27/1/17

Tres poemas de Thaís Espaillat




Resolución de año nuevo
Tengo que dejar de escribir poemas tristes
porque un día los verá mi mamá
y no quiero que piense
que lo de la psicóloga no está funcionando

26/1/17

Tres poemas de Jaime Jaramillo Escobar



El deseo

Hoy tengo deseo de encontrarte en la calle, 
y que nos sentemos en un café a hablar largamente 
de las cosas pequeñas de la vida, 
a recordar de cuanto tú fuiste soldado, 
o de cuando yo era joven y salíamos a recorrer juntos 
la ciudad, y en las afueras, sobre la yerba, nos echábamos 
a mirar cómo el atardecer nos iba rodeando. 
Entonces escuchábamos nuestra sangre cautelosamente 
y nos estábamos callados. 
Luego emprendíamos el regreso y tú te despedías siempre 
en la misma esquina hasta el día siguiente, 
con esa despreocupación que uno quisiera tener toda la vida, 
pero que sólo se da en la juventud, 
cuando se duerme tranquilo en cualquier parte sin un pan 
entre el bolsillo, 
y se tienen creencias y confianzas 
así en el mundo como en uno mismo. 
Y quiero además aún hablarte, 
pues tú tienes dieciocho años y podríamos divertirnos esta 
noche con cerveza y música, 
y después yo seguir viviendo como si nada... 
o asistir a la oficina y trabajar diez o doce horas, 
mientras la Muerte me espera en el guardarropa para 
ponerme mi abrigo negro a la salida, 
yo buscando la puerta de emergencia, 
la escalera de incendios que conduce al infierno, 
todas las salidas custodiadas por desconocidos. 
Pero hoy no podré encontrarte porque tú vives en otra ciudad. 
Mientras la tarde transcurre 
evocaré el muro en cuyo saliente nos sentábamos 
a decir las últimas palabras cada noche 
o cuando fuimos a un espectáculo de lucha libre y al salir 
comprendí que te amaba, 
y en fin, tantas otras cosas que suceden...

6/1/17

Un poema de Chris Abani



Jangueando en Egipto con Breyten Breytenbach

Incluso aquí hay piedras
desgastadas hasta la malevolencia por el tiempo
muelen dientes y rasgan
los ojos con su recuerdo.

En el desierto, el viento
es un escultor que trabaja la efímera
arena. Desesperado edita las estelas
para escribir los nombres de miles de esclavos
muertos para hacer grande a un Faraón.
Es un juego de locos.

2/1/17

Poemas de Margarita Mejía




Jardines efímeros

En mi vientre
crecen flores
tus manos las siembran
tus labios las riegan

florecen sin tierra
en el polvo
que llega con el aire
mojado
por la lluvia que me traes
con la luz que me derramas

Como jardines
que germinan en altos edificios
y sobreviven
pese a todo pronóstico

Flores que cuelgan
triunfantes
entre grietas
de paredes de cemento

Nuestros efímeros jardines
miran la ciudad
desde lo alto

Mientras abajo
en la distancia
alguien camina
por largas avenidas

y lejos
lejos en el horizonte
cae la tarde.

2/12/16

Poema de Claudia Rankine



VI (Supe que lo que ocurría ante mis ojos estaba realmente pasando)

Supe que todo lo que estaba ante mí estaba sucediendo y luego el vehículo de la policía hizo un estrepitoso alto frente a mí como si estuvieran armando una barricada. En todas partes había destellos, una sirena sonando y un largo rugido se extendió. Tírate al suelo. Tírate al suelo ahora. Entonces lo supe.
Y no eres el tipo y aún así te ajustas a la descripción, porque sólo hay un tipo que siempre es el tipo que se ajusta a la descripción.
Dejé la casa de mi cliente sabiendo que me detendrían. Yo lo sabía. Simplemente lo sabía. Abrí mi maletín en el asiento del pasajero, para que pudieran ver. Sí oficial, rodó de mi lengua, que surgió de una campana que nunca podría sonar porque su emergencia es un peaje destinado a tragar.
En un paisaje sacado del fondo del océano, no puedes manejarte con cordura -tanta rabia que te saltan las lágrimas. No puedes manejarte con cordura. Todo es tan agotador. Todo esto te está desgastando y sigues sin ser ese tipo.

12/11/16

Poema de Mario Bodet



Dalind

Sombras subversivas de los impávidos años; 
las miradas mustias y errabundas 
hoy recorren la biblioteca
se abre el tiempo

las miradas miran las manos pérdidas 
que no buscan nada 
y sólo encuentran cuerpos abstraídos, 
magnolias arrancadas de la boca de los astros, 
súbitos espectros amarillos; se queman en la oscuridad

silencio de los días que se echa a dormir en las avenidas; 
todos lo pisan y nadie lo ve

inmemoriales posesiones exhibidas en los ojos de los muertos, inmemoriales colores que se arrancan uno a uno, 
ojos penetrados por la Ilusión de un mediodía, 
alaridos del agua y sus espectros;
premura del olvido, 
las tabernarias sombras caben en una delgada 
hoja de polvo y cenizas

dura fuente del pensamiento, 
franca caricia 
franca luz que en tu frente recuesta su calma

10/11/16

Poemas de Mina Gligorić



Tuve un mal sueño

Quítate
Tuve un mal sueño
donde me dieron un corazón
y todos los escalones de la mente humana

Me habían dado los dientes
para sentirme mortal
Sí, y también tenía los ojos 
para observar las burlas entre los iguales

Habían torres
y murallas
y nada de
nada
Tenía las piernas
pero me quedaba quieta
Los deditos de los pies
para sentir la alienación
A ella solo aquí la puedes pisar

No me mires
He dormido mal

Desterrada a las ciudades
en la cáscara
y todos los pecados de su ruina

Me colocaron en filas
para oír la envidia entre esos
a los cuales no se puede envidiar
Sí, tenía el pelo también
para absorber su hedor

Déjalo
Deja ahora ese lío
que con sólo una parte está 
en la habitación

Hueles tan mal al amor
y  a la confianza
Tu lengua esta mojada como
todos los parques meados del Belgrado
Tus manos son como arenas movedizas 

¡No quiero cerrar mis ojos!
Tal vez solamente a la cáscara
al espíritu confundido y
a todas las debilidades de su vanidad
regreso

Tú no oyes
¡La mugre te obstruye las orejas!

Me habían dado los dientes
para mordérmelos en la vida mala
y las palabras

Tú siempre te quedas callado
Tu desorden habla por sí mismo
Vives al alcance de la realidad
pero a la mitad te pierdes en mí