12/4/07

Anne Sexton: Ping pong & Amnesia



por Giselle Rodriguez Cid



Anne Gray Harvey nació en el seno de una familia acomodada del estado de Massachussets en 1928. Tuvo una niñez y una adolescencia tormentosas, estaba convencida de haber sido una hija no deseada, de que sus hermanas estaban en su contra y de que sus maestros la odiaban. Como respuesta a todo esto, creció una mujer osada, que disfrutaba con sus provocaciones. Antes de cumplir los veinte años abandonó al hombre con el que estaba comprometida, y se casó con Alfred Muller Sexton II (Kayo). Alta, de cabello oscuro y ojos azules, se dedicó al modelaje hasta 1953, cuando nace su primogénita, Linda. Su primera crisis, diagnosticada como una Depresión Posparto, ocurre en 1954. El mismo año de la muerte de su tía-abuela, Nana, una figura importante en su vida, quizá más que sus padres, como ella misma llegaría a afirmar. Es ingresada en Westwood Lodge, un hospital psiquiátrico privado que serviría como su santuario durante sus periodos más duros.  

El 9 de noviembre de 1956 –día de su cumpleaños-, intenta suicidarse, después de un segundo ingreso tras  el nacimiento de su hija Joyce. Este sería el primero de muchos intentos, todos alrededor de la fecha de su aniversario. Es entonces cuando su medico, Martin Orne, le recomienda que escriba poesía. A él esta dedicado su poema "You, Doctor Martin".

Se inscribe en el taller de John Holmes a finales del invierno de 1957. Allí conoce a Maxine Kumin, quien sería su amiga y confidente hasta el día de su muerte, y con quien escribiría varios libros infantiles; Robert Lowell, Sylvia Plath, y muchos otros. El progreso de Anne en el taller fue muy rápido, dentro de poco tiempo sus poemas fueron publicados en The New Yorker, Harper’s Magazine y The Saturday Review. El tono de sus poemas es marcadamente confesional y la franqueza de sus revelaciones impacta a lectores y críticos. Aborda  los temas considerados entonces como tabúes: la locura, el suicidio, el aborto. En 1962 publica All my pretty ones, que abre con un poema dedicado a la muerte de sus padres en 1959.  El libro es nominado al National Book Award. Posteriormente, habrían una serie de reconocimientos y premios que la llevarían a ganar el Pulitzer en 1967 por Live or die. A pesar de las innumerables crisis que la llevaron finalmente al suicidio en 1974, la poesía siempre fue su fuente de estabilidad. Su vida, en todas sus facetas, queda expuesta en sus poemas.


La noche estrellada

Eso no me evita sentir la terrible necesidad de
–debo decirlo- religión. Entonces salgo en la noche
a pintar las estrellas.

Vincent Van Gogh en carta a su hermano.

El pueblo no existe
Excepto donde un árbol de cabellera negra resbala
Hacia arriba como una mujer ahogada en el ardiente cielo.
El pueblo esta en silencio. La noche hierve
Con once estrellas.
¡Oh noche estrellada! Así es como
Quiero morir.

Se mueven. Están vivos.
Incluso la luna se inflama en sus hierros naranjas
Para empujar niños, como un dios, de su ojo.
La vieja serpiente invisible se traga las estrellas.
¡Oh noche estrellada! Así es como
Quiero morir:

En esa bestia impetuosa de la noche,
Chupada por ese gran dragón, separarme
De la vida sin bandera,
Sin panza,
Sin grito.


Para el año del Loco

Una plegaria

Oh María, frágil madre,
Escúchame, escúchame ahora
Aunque no conozca tus palabras.
El rosario negro con su Cristo de plata
Yace sin bendecir en mi mano
Porque soy la no creyente.
Cada cuenta redonda y dura entre mis dedos,
Un pequeño ángel negro.
Oh María, concédeme esta gracia,
Este traslado,
Aunque sea fea,
Sumergida en mi pasado
Y en mi locura.
A pesar de que hay sillas
Permanezco en el suelo.
Sólo mis manos viven,
Tocan las cuentas.
Palabra a palabra, me confundo.
Una principiante, siento tu boca tocar la mía.

Repaso las cuentas como olas,
Golpeando sobre mí.
Me enferma su cantidad,
Enferma, enferma el calor del verano
Y la ventana arriba
Es mi único testigo, mi torpe ser.
Ella es la gran entendedora, calmante.
Dadora de vida
Murmura,
Exhalando su amplio pulmón como un enorme pez.

Se acerca aún más
La hora de mi muerte
Mientras acomodo mi rostro, vuelvo a crecer,
Crezco subdesarrollada y de pelo liso.
Todo esto es muerte.

En la mente hay un estrecho callejón llamado muerte
Y yo me muevo en él
Como en el agua.
Mi cuerpo no sirve.
Yace, enrollado como un perro en la alfombra.
Se ha rendido.
No hay palabras, excepto las medio aprendidas,
Los Ave Maria y el Llena eres de gracia.
Ahora estoy en el año sin palabras.
Me fijo en la extraña entrada y en el voltaje exacto.
Sin palabras existen.
Sin palabras una puede tocar el pan
Recibir el pan
Sin hacer ruido.

Oh María, dulce médico,
Ven con polvos y hierbas
Porque estoy en el centro.
Es muy pequeño y el aire es gris
Como en una casa de vapor.
Me dan vino como a un niño se le da leche.
Me lo presentan en un vaso delicado
Redondo y de borde delgado.
El vino es color brea, añejo y secreto.
El vaso se eleva solo hacia mi boca
Y noto esto y lo entiendo
Sólo porque ha pasado.

Tengo miedo de toser,
Pero no digo nada,
Tengo miedo a la lluvia, miedo del jinete
Que cabalga hacia mi boca.
El vaso se vuelca solo
Y yo ardo.
Veo dos delgadas rayas que bajan quemando mi barbilla.
Me veo a mí misma como si fuese otra.
Me han cortado en dos.

Oh María, abre tus párpados.
Estoy en los dominios del silencio,
El reino del loco y del durmiente.
Hay sangre aquí
Y la he comido.
Oh madre de la matriz,
¿Acaso vine sólo por la sangre?
Oh pequeña madre,
Estoy en mi propia mente.
Encerrada en la casa equivocada.



Escapa en tu burro
Ma faim, Anne, Anne,
Fuis sur ton âne… 
Rimbaud

Porque no tenía otro lugar
Donde escaparme,
Regresé al lugar del sinsentido,
Regresé a medianoche,
Atravesando la espesa luz de junio
Sin equipaje o defensas,
Entregando mis llaves y mi dinero,
Me quedé sólo con un paquete de cigarrillos Salem
Como un niño que se aferra a un juguete.
Firmé donde un extraño
Había marcado con una X –
Porque esto es un hospital mental
No es juego de niños.

Hoy un interno me golpea las rodillas,
Probando mis reflejos.
Antes me habría quejado y pedido drogas.
Hoy estoy terriblemente paciente.
Hoy los cuervos juegan black-jack
Sobre el estetoscopio.

Todos se han ido
Excepto mi musa,
Esa buena enfermera.
Se queda en mi mano,
El blanco ratoncito.

Las cortinas, delicadas
Se agitan y caen
Como las faldas victorianas
De mis dos tías solteronas
Que tenían una tienda de antigüedades.

Han enviado avispas.
Se amontonan como flores en la pantalla.
Avispas, cargando sus delgados aguijones,
Sobrevuelan afuera, sabias,
Murmurando: el avispón sabe.
Lo escuché de niña
¿Pero qué significaba eso?
¡El avispón sabe!
¿Qué pasó con Jack y Doc y Reggy?
¿Lo que acecha en el corazón del hombre, quién lo recuerda?
¿Qué sabia el Avispón Verde?
¿O es que me equivoco?
¿Es qué La Sombra me había visto
Desde la radio en la mesita de noche?

Ahora es ¡Dinn, Dinn, Dinn!
Mientras las damas en la habitación contigua
Discuten y se escarban los dientes.
Arriba una chica se enrolla como un caracol;
En otra habitación alguien intenta comerse un zapato;
Mientras un adolescente se pasea arriba y abajo
Por el corredor en sus medias blancas.
Un nuevo doctor hace las rondas
Ofreciendo tranquilizantes, insulina, o shock
A los no iniciados.

¡Seis años de tan pequeñas preocupaciones!
¡Seis años de entrar y salir de este sitio!
¡Oh mi hambre! ¡Mi hambre!
Pude haber recorrido el mundo dos veces
O tenido nuevos hijos – todos chicos.
Fue un largo viaje con días cortos
Y sin lugares nuevos.

Aquí,
El mismo grupo de siempre,
La misma escena ruinosa.
El alcohólico llega con sus palos de golf.
La suicida llega con pastillas extras
Cosidas al forro de su vestido.
Los huéspedes permanentes no han hecho nada nuevo.
Sus rostros son todavía pequeños
Como bebés ictéricos.

Mientras,
Han sacado a mi madre,
Envuelta como la muñeca de alguien, en sábanas,
Vendado sus mandíbulas, y rellenado todos sus huecos.
Mi padre, también. Se fue con la sangre podrida
Que uso con las otras mujeres en el Medio Oeste.
Se fue, un viejo alcohólico recuperado
De pies torcidos y manos inútiles.
Se fue llamando a su padre
Quien murió solo hace mucho tiempo-
Ese banquero gordo al que metieron preso,
Sus genes suspendidos como dólares,
Envuelto en su secreto,
Bien amarrado en una camisa de fuerza.

Pero tú, mi doctor, mi entusiasta,
Eras mejor que Cristo;
Me prometiste otro mundo
Decirme
Quién era yo.

Pasé gran parte de mi tiempo,
Como una extraña,
Condenada y en trance – esa pequeña choza,
Ese lugar desnudo de venas azules,
Mis ojos cerrados en la confusa oficina,
Ojos circundando mi niñez,
Ojos recién cortados.
Años de indirectas
Encadenada –una historia clínica en serie-
Treinta y tres años del mismo embotado incesto
Que nos sostuvo a ambos.

Tú, mi analista soltero,
Sentado en la calle Marlborough,
Compartiendo tu oficina con tu madre
Y regalando cigarrillos cada Año Nuevo,
Eras el nuevo Dios,
El encargado de la Biblia Gideon.

Yo era tu estudiante de tercer grado
Con una estrella azul en la frente.
En trance podía tener cualquier edad,
Voz, gestos – todo vuelto al revés
Como un reloj de farmacia.
Despierta, memorizo sueños.
Sueños que entran al ring
Como luchadores de tercera categoría,
Cada uno una mala apuesta
Que podría ganar
Porque no había otra.

Los miraba fijamente,
Concentrándome en el abismo
Como uno mira abajo al borde de una mina rocosa,
Incontables millas hacia abajo,
Mis manos colgando como ganchos
Para levantar sueños de sus jaulas.
¡Oh mi hambre! ¡Mi hambre!

Una vez,
Fuera de tu oficina,
Colapsé en un desmayo a la antigua
Entre los carros estacionados ilegalmente.
Me tiré,
Pretendí estar muerta durante ocho horas.
Pensé haber muerto
En una tormenta de nieve.
Sobre mi cabeza
Sonaban cadenas como dientes
Que excavaban la calle nevada.
Y yo ahí
Como un sobretodo
Que alguien había tirado.
Me llevaste adentro cargada,
Torpemente, con ternura,
Con la ayuda de tu secretaria pelirroja
Que tenía la contextura de un salvavidas.
Mis zapatos,
Recuerdo,
Se perdieron en la nieve
Como si no planeara volver a caminar jamás.

Ese fue el invierno
En que murió mi madre,
Media loca de morfina,
Explotada, al fin,
Como una puerca preñada.
Yo era su mal de ojo.
De hecho,
Yo andaba con un cuchillo en mi agenda –
El cuchillo de caza L. L. Bean de mi marido.
No estaba segura si rajar una goma de un carro
O raspar las entrañas de algún sueño.
Tú me enseñaste
A creer en los sueños;
Así, yo fui la daga.
Los sujete como una vieja con dedos artríticos,
Exprimiendo con cuidado el agua –
Oscuros dulces juguetes
Y sobre todo, misteriosos
Hasta tornarse dolientes y débiles.
¡Oh mi hambre! ¡Mi hambre!
Fui yo quien abrió
El tibio párpado
Como un cirujano
Y trajo a las jovencitas
Que gruñen como peces.

Te lo dije,
Dije –
Pero mentí –
Que el cuchillo era para mi madre…
Y entonces la liberé.

Las cortinas se agitan
Y se desploman contra los barrotes.
Son mis dos delgadas damas
Llamadas Blanche y Rose.
El terreno afuera
Esta podado como una estancia en Newport.
A lo lejos, en el campo,
Algo amarillo crece.

¿Fue el mes pasado o el año pasado
Qué la ambulancia corrió como un coche fúnebre
Con su sirena soplando a suicidio –
¡Dinn, dinn, dinn! –
Un silbido a medio día insistiendo en la vida
A través de los semáforos?

He regresado
Pero no era un desorden.
¡Le he perdido el truco!
¡La inocencia!
El paciente del sombrero de copa
Con su chiste caliente, su sonrisa maníaca –
Hasta él parece borroso, pequeño y pálido.
He regresado,
Reingresado,
Colgada de la pared como un émbolo de baño,
Tenida como una prisionera
Que era tan pobre
Que se enamoró de la cárcel.

De pie ante esta vieja ventana
Quejándome de la sopa,
Examinando el terreno,
Permitiéndome una vida de desperdicio.
Pronto levantaré el rostro como una bandera blanca,
Y cuando Dios entré en el fuerte,
No tendré asco ni escupiré en su dedo.
Me lo comeré como una flor blanca.
¿Es éste el viejo truco, el desgastarse,
el cráneo esperando por su dosis
de electricidad?

Es esto la locura
Una especie de hambre.
De qué sirven mis preguntas
En esta jerarquía de muerte
En que la tierra y las piedras hacen
¡Dinn! ¡Dinn! ¡Dinn!
Es difícilmente un banquete.
Es mi estómago quien me hace sufrir.

¡Retrocedan, mis hambres!
Por una vez tomen una decisión deliberada.
Aquí hay cerebros que se pudren
Como plátanos negros.
Corazones tan planos como platos.
Anne, Anne,
Escapa en tu burro,
Escapa de este triste hotel,
Cabalga sobre alguna bestia peluda,
Galopa de espaldas presionando
Tus nalgas contra su cruz,
Soporta su torpe andar de alguna forma.
¡Márchate
De la manera que más te guste!
Aquí todos le hablan a su propia boca.
Eso es lo que significa estar loco.

Aquellos a quienes más amé murieron de ello –
La enfermedad de los locos.



La verdad que los muertos conocen

Para mi madre, nacida en Marzo de 1902
Muerta en Marzo de 1959.
Y mi padre, nacido en Febrero de 1900
Muerto en Junio de 1959.

Muertos, digo y me alejo de la iglesia
Rechazando la pesada procesión hasta la tumba,
Dejando a los muertos ir solos en el carro fúnebre.
Es Junio. Estoy cansada de ser valiente.

Vamos hasta el Cabo. Me cultivo a mi misma
Allí donde el sol gotea desde el cielo,
Dónde el mar se abre hacia adentro como un portón de hierro
Y nos tocamos. En otro país la gente muere.

Querido, el viento cae como las piedras
Del agua blanquecina y al tocarnos
Nos adentramos completamente en el tacto. Nadie está solo.
Los hombres matan por esto, o algo parecido.

¿Y qué de los muertos? Yacen sin zapatos
en sus botes de piedra. Son más piedra
de lo que sería el mar si se detiene. Se niegan
a ser bendecidos, garganta, ojo y nudillo.



Ángeles del amorío

“¿Ángeles del amorío, conocen a la otra,
la oscura, mi otro yo?”

1. ángel de fuego y  genitales 

¿Ángel de fuego y genitales, conoces el limo,
Esa madre verde que me obligo a cantar,
Me puso primero en la letrina, la pantomima
Marrón donde yo fui mendigo y ella rey?
Dije, “El diablo esta en el agujero infectado”
Entonces me mordió en el culo y tomó mi alma.
Mujer de fuego, de la antigua llama, del
Mechero de Bunsen, de la vela,
Del horno, de la barbacoa,
De la feroz energía solar, Mademoiselle,
Toma algo de hielo, de nieve, un mes de lluvia
Acanálate en la oscuridad, destrozándote el cerebro.

Madre de fuego, déjame detenerme ante tu puerta devoradora
Mientras el sol muere en tus brazos y tú aflojas su terrible peso.

2. ángel de las sábanas limpias

¿Ángel de las sabanas limpias, conoces las garrapatas?
Una vez en el loquero llegaron como puntitos de canela
Mientras yacía en una cueva de drogas,
Vieja como un perro, quieta como un esqueleto.
Pequeños puntos de sangre seca. Cien marcas
Sobre las sábanas. Cien besos en la noche.
Sábanas blancas oliendo a jabón y Clorox
No tienen nada que ver con esta noche de sucio,
Nada que ver con ventanas con barrotes y múltiples cerrojos.



Consejos  para una persona especial

Cuídate del poder,
Su avalancha puede enterrarte,
Nieve, nieve, nieve, sofocando tu montaña.

Cuídate del odio,
Puede abrir su boca y saltarás
A comerte tu pierna, un leproso instantáneo.

Cuídate de los amigos,
Porque cuando los traiciones,
Como lo harás,
Meterán sus cabezas en el inodoro
Y bajarán la palanca.

Cuídate del intelecto,
Sabe tanto que no sabe nada
Y te deja colgando boca abajo,
Articulando sabiduría
Mientras el corazón se te sale por la boca.

Cuídate de los juegos, de actuar,
Del discurso programado, sabido, pronunciado,
Porque te delatarán
Y te quedarás de pie como un niño desnudo,
Orinándote en tu propia cama.

Cuídate del amor
(A menos que sea verdadero,
y cada parte de ti diga sí, incluyendo los dedos de los pies)
te envolverá como una momia,
no se oirán tus gritos
y no pararás de correr.

¿El amor? Sea hombre. Sea mujer.
Debe ser una ola en la que deseas deslizarte,
Entregar tu cuerpo, tu risa,
Entregar, cuando la arena te tome,
Tus lágrimas a la tierra. Amar a otro es algo
Como una oración y no puede planearse, simplemente
Caes en sus brazos porque creer deshace la incredulidad.

Persona especial,
Si fuese tú no le prestaría atención
A mis consejos,
Creadas un poco  a partir de tus palabras
Y  de las mías.
Una colaboración.
No creo una sola palabra de lo que he dicho,
Excepto algunas, pienso en ti como un árbol joven
Con hojas pegadas y se que echarás raíces
Y entonces el verdor real llegará.

Déjate ir. Déjate ir.
Oh persona especial,
Hojas posibles,
A esta máquina de escribir le agradas,
Pero quiere romper vasos de cristal
En celebración
Por ti,
Cuando deseches la oscura corteza
Y flotes
Como un globo.



Después de Auschwitz

Una rabia
Negra como un gancho,
Me posee.
Cada día,
Un Nazi
Tomó, a las 8:00 A.M., un bebé
Y lo salteó en su sartén
Para el desayuno.

Y la muerte mirando como si nada
Sacándose la mugre de las uñas.
El hombre es malo,
Grito.
El hombre es una flor
Que debe arder,
Grito.
El hombre
Es un pájaro lleno de lodo,
Grito.
Y la muerte mirando como si nada
Mientras se rasca el culo.

El hombre con sus deditos rosados,
Sus dedos milagrosos
No es un templo
Sino un asilo.
Que el hombre jamás vuelva a levantar una taza.
Que el hombre jamás vuelva a escribir un libro.
Que el hombre jamás vuelva a ponerse los zapatos.
Que el hombre jamás vuelva a levantar la vista,
En una suave noche de Julio.
Jamás. Jamás. Jamás. Jamás. Jamás.
Grito.



Para un amigo que ha alcanzado el triunfo

Considera a  Ícaro, pegándose esas alas,
Sintiendo ese tirón extraño en sus omoplatos,
Y piensa en ese primer momento perfecto sobre el césped
Del laberinto. ¡Piensa en la diferencia que hizo!
Allá abajo están los árboles, torpes como camellos;
Y aquí las sorprendidas estrellitas pasando
Y piensa en el inocente  Ícaro que le esta yendo bastante bien:
Más grande que una vela, sobre la neblina y el golpear
Del océano, va. ¡Admira sus alas!
Siente el fuego en su nuca y observa como casualmente
Mira hacia arriba y es atrapado, pasmosamente se desploma
En ese ojo caliente. ¿A quién le importa que cayera al mar?
Míralo aclamar el sol y precipitarse
Mientras su sensible padre camina directo al pueblo.


El aborto

Alguien que no debía nacer
Se ha ido.

Cuando la tierra arruga la boca,
Y cada capullo sale de su nudo,
Yo cambio mis zapatos, y conduzco hacia el sur.

Pasando por Blue Mountains, donde
Pennsylvania se vuelve toda una joroba,
Vistiendo, como un gato, su cabellera verde,

Sus calles sumergidas como una gris tabla de lavandera;
Donde, la verdad, la tierra se resquebraja con maldad,
Un hueco oscuro de donde sale el carbón,

Alguien que debía nacer
Se ha ido.
La hierba enhiesta como los cebollinos,
Y yo preguntándome cuando se abriría la tierra,
Y yo preguntándome como sobreviven las cosas frágiles;

En Pennsylvania, conocí un hombrecito,
No Rumpelstinskin, de ninguna manera, de ninguna manera…
Se llevó la plenitud que el amor empezó.

Regresando al norte, hasta el cielo se volvió fino
Como una ventana alta mirando hacia la nada.
La carretera era plana como una plancha de latón.

Alguien que debía nacer
Se ha ido.

Sí, mujer, esa lógica te llevará
A la pérdida sin la muerte. O di lo que quieres decir,
Cobarde… este bebé que sangro.


Cuando un hombre penetra una mujer

Cuando un hombre,
Penetra una mujer,
Como la ola mordiendo la costa,
Una y otra vez,
Y la mujer abre su boca con placer
Y sus dientes brillan
Como el alfabeto,
Logos aparece ordeñando una estrella,
Y el hombre
Dentro de la mujer
Ata un nudo
Para que nunca
Estén separados
Y la mujer sube a una flor
Y se traga su tallo
Y Logos aparece
Y desata sus ríos.

Este hombre,
Esta mujer,
Con su hambre doble,
Han tratado de atravesar
Las cortinas de Dios
Y por un momento lo han hecho,
Y Dios
En Su perversidad
Desata el nudo.



Nota Suicida

"Me hablas de narcisismo y te contesto que es una cuestión vital"  
Artaud
"
"At this time let me somehow bequeath all the leftovers
to my daughters and their daughters"
- Anonymous

Mejor,
A pesar de los gusanos hablando
Al enganche de la yegua en el campo;
Mejor,
A pesar de la temporada en que las jovencitas
Dejan caer su sangre;
Mejor de alguna manera
Si me dejo caer rápido
En un viejo cuarto.
Mejor (dijo alguien)
No haber nacido
Y mejor aún
No haber nacido dos veces
A los trece
En la pensión,
En la que cada año,
Una habitación se incendiaba.

Querido amigo,
Debo hundirme como miles de otros
En un ascensor hasta el infierno.
Seré una cosa liviana.
Entraré a la muerte
Como la lentilla extraviada de alguien.
La vida esta medio ensanchada.
Los peces y los búhos son feroces.
La vida se mece hacia atrás y hacia delante.
Ni siquiera las avispas encuentran mis ojos.

Sí,
Ojos que fueron inmediatos alguna vez.
Ojos que estuvieron realmente despiertos,
Ojos que me contaron la historia completa-
Pobres tontos animales.
Ojos que fueron punzantes,
Pequeños clavos,
Disparos azul pálido.

Y una vez
Con la boca como una taza
Color arcilla o sangre,
Abierta como el rompeolas
Para el océano perdido
Y abierta como un lazo corredizo
Para la primera cabeza.

Érase una vez
Mi hambre por Jesús.
¡Oh mi hambre! ¡Mi hambre!
Antes de envejecer
El llegó sigiloso  a Jerusalén
En busca de  la muerte.

Esta vez
Yo indudablemente
No pido comprensión
Y aún así espero que todos
Vuelvan la cabeza cuando un pez, sin haberlo ensayado,
Salte sobre la superficie del lago Echo;
Cuando la luz de la luna,
Su nota grave subida al máximo,
Lastime algún edificio de Boston,
Cuando los verdaderamente hermosos yazcan juntos.
Yo pienso en esto, claro,
Y pensaría aun más
Si no estuviese… si no estuviese
Entre esa antigua llama.

Podría admitir
Que soy una cobarde
Gritando yo yo yo
Y no mencionar los pequeños mosquitos, las polillas,
Forzadas por la circunstancia
A chupar de la bombilla.
Pero seguramente sabes que todos tenemos una muerte,
Una muerte propia,
Esperando.
Entonces ahora me iré
Sin vejez o enfermedad,
Salvaje pero puntualmente,
Conociendo mi mejor ruta,
Llevada por ese burro de juguete que monté todos estos años,
Sin preguntar, “¿Hacia donde vamos?”
Íbamos (Si lo hubiese sabido)
Hacia esto.

Querido amigo,
Por favor no pienses
Que visualizo acordes de guitarra
O a mi padre nivelando su instrumento.
Ni siquiera espero los labios de mi madre.
Sé que he muerto antes-
Una vez en Noviembre, otra en Junio.
Que extraño haber escogido Junio otra vez,
Tan concreto con sus verdes pechos y barrigas.
¡Por supuesto que no tocarán guitarras!
Las serpientes de seguro no lo notarán.
A la ciudad de Nueva York no le importará.
En la noche los murciélagos golpearán los árboles,
Sabiéndolo todo,
Viendo lo que presintieron todo el día.



El negro arte 

La mujer que escribe siente demasiado,
¡Esos trances y portentos!
Como si los ciclos y los hijos y las islas
No fuesen suficientes; como si los dolientes
Y los chismes y los vegetales
No fuesen suficientes.

Ella cree poder advertir a las estrellas.
Un escritor es esencialmente un espía.
Amor, yo soy esa chica.

El hombre que escribe sabe demasiado,
¡Esos hechizos y fetiches!
Como si las erecciones y los congresos y los productos
No fuesen suficientes;
Como si las maquinas y los galeones
Y la guerra no fuese suficiente.

De muebles usados hace un árbol.
Un escritor es esencialmente un criminal.
Amor, tu eres ese hombre.
Sin amarnos nunca a nosotros mismos.
Odiando hasta nuestros zapatos y nuestros sombreros,
Nos amamos, “querido, querido”.
Nuestras manos son delicadas y azul pálido.
Nuestros ojos están llenos de terribles confesiones
Pero cuando nos casamos,
Los niños parten asqueados.
Hay tanto alimento y nadie para comer
Tanta extraña abundancia.



Bayoneta

¿Qué puedo hacer con esta bayoneta?
¿Puedo hacer un rosal con ella?
¿Clavársela a la Luna?
¿Afeitarme las piernas con la hoja?
¿Atravesar un pez dorado?
No. No.

Fue hecha
En mi sueño
Para ti.
Mis ojos estaban cerrados.
Yo en posición fetal
Aún así sostenía la bayoneta
Que sería para la tierra de tu estomago.
El ombligo cantando su acertijo.
Los intestinos curvos como carreteras alpinas.
Fue hecha para penetrarte
Como tú me has penetrado
Y para dejar entrar la luz del día
Y dejar salir tu corazón enterrado,
Dejar salir la cuchara con la que me alimentaste,
Dejar salir al pájaro que dijo Jódete,
Tallarlo a una escultura hasta quedar blanco
Y poder colocarlo en un estante,
Un objeto sin pensamiento, como una piedra,
Pero con todas las vibraciones
De un crucifijo.



Cigarrillos, Whiskey y Mujeres Salvajes
(de una canción)

Quizá nací de rodillas,
Nací tosiendo en el largo invierno,
Nací esperando el beso de la misericordia,
Nací con una pasión por la rapidez
Y aún así, al ir progresando las cosas,
Aprendí temprano sobre la estocada
O sacarla, el vapor del enema.

A los dos o tres aprendí a no arrodillarme,
A no esperar, a plantar mis fuegos bajo tierra
Donde a nadie más que las muñecas, perfectas y terribles,
Se puede susurrar y dejar morir.

Ahora que he escrito tantas palabras,
Y dejado tantos amores, para tantos,
Y he sido completamente lo que siempre fui –
Una mujer de excesos, de celos y codicia,
El esfuerzo me parece inútil.
¿Acaso no me miro al espejo,
Estos días,
Y veo una rata borracha voltear la vista?
¿Acaso no siento un hambre tan aguda
Que preferiría morir antes
Que mirarla a la cara?

Me arrodillo nuevamente,
En caso de que la misericordia llegue 
En el último minuto.

Giselle Rodriguez Cid. (Santo Domingo, 1980) Editora de Ping Pong. La anterior traducción de los poemas es suya.