19/2/06

Mi Encuentro con Lawrence Ferlinghetti

Por Paúl Álvarez



La parte que medio me quedo
Cielo despejado. Viernes por la mañana. Abandonando downtown, las Sears towers, los edificios, el río infinito, el lago Michigan, el barrio italiano, a Diógenes, el mueble donde estuve tumbado, la nieve por las rodillas, el estado de Chicago. Frank y yo en un tren naranja rumbo al aeropuerto Midway. Llegando atrasados (caí en la cuenta de eso al hacer la fila de customs) Una empleada gordita me dijo que sólo contaba con tres minutos para abordar, "you wont make it, honey" saliendo de su campo de visión como desde el fondo de una botella. Frank y yo como un chele volando escaleras. Frank y yo nos decimos adiós sin darnos las manos, ya tú sabes, me fui. Corro arrastrando las ruedas de una maleta y colgado de un bulto, pensando "lograré volarme la inspección, hago escala en Phoenix, dejo los tenis, si ombe, no ombe, si" No logro llegar a la compuerta Southwest A-6 a tiempo. Mi avión ya volteaba su adusto pico, ignorando todo, ignorándome, a la pista de despegue. Una empleada flaquita, una mujer dientúa bien amable, se comunicó con una empleada ubicada en otra compuerta. Hablaron sobre mi caso unos segundos. Por fin me dice que vaya a la compuerta B-21. Esta vez volaría a Los Angeles haciendo escala en Las Vegas. Me dijo que avanzara, que despegaban “in less than fifiteen” Stand by passenger: Paul Alvarez.
La parte del RoadRunner Shuttle
¿Y ahora? Los Angeles International airport (LAX) Atraso dos horas. Una p.m. Aterrizamos. Las arrancadas páginas amarillas, buscando algún mapa, algún número, un carril. Ni una cosa ni otra. Llamo a la biblioteca que organizaba el festival de poesía en Ojai. Gracias a la señora que me atendió supe de la ruta del RoadRunner Shuttle, una van que llega directo a Ojai desde el aeropuerto, o si se quiere a otro municipio o condado dentro de Ventura y Santa Barbara. También me dio los números de lugares donde pasar la noche (a los que llamé y me dijeron que estaban llenos) y me deseó buen viaje. El RoadRunner Shuttle #110 me recogió en la salida de Southwest una hora después. El chofer era mexicano, belludo, bigotudo, de un pelo gris amarrado cayendo por su espalda. Se desmonta para abrirme la compuerta. Yo era sólo el primer pasajero, el único hispano, que iba a recoger esa tarde. Entró una señora de Dublin excesivamente arrugada que se durmió con la boca abierta. Entró un señor que sólo dijo varias palabras con voz quebrada adónde iba, sin explicaciones, las piernas cruzadas con dificultad en una van demasiado pequeña, como el mayordomo de la familia Adams. Entró un señor muy mayor con mucho esfuerzo, se puso el cinturón de seguridad al lado del chofer, sólo el chofer parecía entender lo que decía, al menos yo no caía. Entró una señora con una voz muy dulce hablando por celular a uno de sus hijos, cada cierto tiempo la llamaba para preguntarle por dónde iba, qué les iba a preparar de cena, ella se limitaba a decirle que se quedaban otras personas antes que ella, que compraran lo que quisieran de cenar, que ella lo preparaba al llegar, el mexicano le dice riéndose "Taco Bell Miss, good choice", les aseguraba que no faltaba mucho para verlos. Nadie más entró. Cuatro hombres y dos mujeres en la van #110 en  silencio. El chofer con acento mexicano armonizaba "Oquei!" anunciando que nos sintieramos libres de refrescarnos con soda o agua de una neverita detrás de su asiento, una mano en el guía y la otra abriendo y cerrando la tapa de la neverita. La señora con voz dulce dijo algo como "I rather smell the ocean than smell the exhaustion", luego abrió un libro. La señora de Dublin va despierta, tiene los ojos azul cielo y se empieza a maquillar. El señor stein permanece con los ojos entornados hacia la carretera, como cansado de algo. Yo veo pasar por el vidrio la  Pacific Avenue, despertando todas las semblanzas que tiene este barrio con los barrios de Santo Domingo, las casas de tres plantas, soleadas, los callejones estrechos y sin salida, las palmeras sin cocos (¿descocados?) a veces bailando, los semáforos robados, las olas color oliva de la playa, los moribuguistas, las surfistas, la mulata apoyada en una verja mirando al mar, la brisa pasar, que ninguno suda. Uno a uno se fueron apeando. Los viejos se quedaron en hogares de ancianos de lujo, carros de lujo aparcados. Luego de la señora de voz dulce me tocaba a mí. Antes de llegar a Ojai fui apuntando una recua de calles que no he de volver a toparme:
Old Grade Road
Lake Casitas
Tico Road
Orchard Drive
Loma Drive
Villanova Road
Hermosa Road
En Ojai no encontrábamos la dirección exacta del festival. El chofer astutamente detuvo a una hermosa muchacha pelirroja que iba pasando y le preguntó dónde quedaba el Libbey Park. Estábamos de suerte, “a few blocks” dijo. Ocho p.m. Por poco empieza la función.
La parte donde conozco a Ferlinghetti
Busco mis taquillas. Una lomita de yerba donde hay gente dispersa. Creo que reconozco al poeta con una gorra azul marina, pero sigo de largo, arrastrando mis cosas. No hay reflectores, la luz del sol se pone. Aparece Joy Harjo, la poeta saxo y su acompañante, Caroline, poeta también. Apunto los títulos de sus poemas "Eagle song", "The woman hanging from the 13 floor", "Kitchen table poem", "Morning sun". Un receso de diez minutos. Anochece. Noto al poeta levantarse al unísono con una acompañante (Nancy J. Peters me viene a la mente). Pantalones cortos kaki. Suben lentamente la lomita, los persigo. No estaba muy seguro si eran ellos, no despego la vista de ellos. Entonces se detienen, bajo una carpa, bajo una luz de un bombillo amarillo. Los rodeo, inspeccionado sus fachadas, dudoso. Eran ellos bajo esa luz, Nancy y Ferlinghetti. Espero unos segundos, respiro profundo, ellos me sonrien, me les acerco. Ferlinghetti me clava los ojos por la pobre iluminación en la carpa o por la edad y sin contenerlas más nos extendemos las manos. Le digo "Hi Mister Ferlinghetti" Nancy es pura sonrisa a su lado, "you probably don't recognize me, I cut my hair and I`m using glasses again" Me hace falta el aire. F sigue buscando algo en mí, "I'm Paul Alvarez..." le digo. "Ah... He was who translated my book!" se voltea a decirle a N.
"Yeah."
"Do you have a place to stay?" me pregunta F.
"...No!...But I'll find one...I..." respiro.
"Are coming tomorrow? Tomorrow night?"
"Yes, of course" le digo "How long are you staying?"
"I leave Sunday to San Francisco" me dice.
"Oh"
"Look for me tomorrow night, after I finish. We can meet Sunday morning."
"Great...I..."
"Lets go inside, they are about to start" nos dice a mí y a N, alargando su brazo. "How did you end up translating my book?" me pregunta bajando la lomita.
"Well, I think its a long story...I..."
En bajar la lomita resumo esa historia. Mi inglés es maleta. Nos vemos, viejo. F se sienta con N, esta vez en uno de los asientos de alante. N habla mientras F se inclina un poco, acercando su oreja.
La parte del bar que no tiene nombre
Diez de la noche. ¿Y ahora? Camino hasta que los pies me molestan por la avenida Ojai. Hace rato que un bartender canoso me dijo que habían tres hoteles con buenos precios hacia la izquierda y dos más caros hacia la derecha. Me recomendó el Capri. Primero fui a los de la izquierda. Sólo llegué a uno porque era mucha la distancia y la oscuridad. Me devuelvo al parque con su gente sin morada y sus ojos de cuervos y sus mosquitos y sus bancos y sus columpios vacíos. Me como una pizza de vegetales malísima en un restaurante italiano atendido por mexicanos, la dejo por la mitad, pido que me la envuelvan, se la terminan la gente sin morada del parque. Ahí está el bar, un bar sin nombre con paredes de roble. Entro arrastrando mis tiestos. Le pido a una señora de tinte rubio, que en ese momento termina de servir un trago, que por favor me dejara ponerlos en algún lugar. Hace una seña y uno de sus dos muchachos viene a encaramar mis cosas sobre un congelador, asegurándome que ahí no les pasará nada. El muchacho a mi lado me ofrece pegarme de su cerveza, me niego, luego me ofrece una caja de marlboros completa que también niego. Muchachas jugan pool, hombres miran con tragos que se pasaban de una mano a otra, un borrachito con gorra y sucia camisa blanca, llamado Forest, se tambaleaba en un saloncito de baile con luces de colores dando vueltas junto a un jamaiquino indetenible bailando su canción. En otro extremo muebles llenos de muchachos que no paran de hablar, sillas giratorias y solitarias esquinas. Entro al baño varias veces. Aqui me quedo hasta que cierren, me digo. "Five minutes! Five minutes! Last Drink!" grita el que parece alemán, a caco. Mira esa mierda y yo que aun no terminaba mi segunda bud light. Me la tuve que beber de un tiro. Son casi las dos de la mañana. Le señalo al ruso si conoce un lugar donde puedo quedarme a dormir, me dice con una mueca y subiendo los ojos "You're fucked" Agarra el telefono escondido debajo de la barra y marca. Nadie contesta. Me repite te jodiste, que habia esperado demasiado para averiguar. Alguien va a llevarme a un sitio tranquilo, sin problema, me ilusionaba viviendo Ojai como sea, como un ser optimista. Hizo otro intento y nadie contestó. Tranquilo. No problem. Sólo tengo que amanecer. La puerta se abre y todos salen,  sólo queda el tipo de los marlboros. El jamaiquino por ningún lado, la música se detuvo y ya no hubo jamaiquino. Estoy afuera. Las espaldas de los muchachos alejándose, las muchachas entrando en abrigos chiquitos. Aguardo. Solo las dos de la mañana. El bar sin nombre con pestillo. Un taxi. Un taxi que yo no llamé, pero que aparece frente a frente, un audi blanco. El taxista abre el baúl y lo cierra, ya se va cuando sale Forest. Forest alza los brazos de victoria. "Somebody need a taxi?...ok" dice el taxista. Coño. Qué hacer. "I need a place to rest...do you know?" le digo "Huh, yes... there are a few places... do you need a taxi?" "Can you take me there?" "Sure. Get in." "How much?" ya dentro. "Five bucks." Vamos por la avenida Ojai. Los tres hoteles de la izquierda son pequeños y están bien iluminados. De cada uno cuelga un letrerito NO VACANCY. El taxista me devuelve al mismo lugar, frente a frente al bar que no tiene nombre, frente a frente al Libbey Park, frente a frente a la avenida Ojai. No me cobró el dinero. Si hubiera encontrado lugar para quedarme me cobraba, me dice. "Well…" dijo montándose en el audi blanco y perdiéndose sin hacer ruido. ¿Y ahora? En el bar sin nombre, en un banquito. La puerta cerrada y las luces de adentro no se han apagado. Estarán haciendo la contabilidad. Creo que pueden verme en el banguito. Se distinguen sus voces, hablan de mí, hablaban de dejarme pasar o no al bar. La vieja dando argumentos, dice uno "that guy looks like somebody punched him in the face", "we can kick his ass" dice el otro y la vieja dice "you don't know... he can kick your ass too". Me largo. ¿Qué haría Cantinflas en mis zapatos? (Para no alargar hasta el infinito esta parte lean a continuación algunos de mis lugares cinco estrellas de la noche)
La parte de la intemperie 
Tres a.m. Camino con la avenida Ojai a mi izquierda. Me siento en un banquillo de una sucursal del Bank of America, las luces iluminan el vacío parqueo. Saco un libro. Me da sueño. Camino otro poco. No pasan carros, ni pasa nada ni nadie. Orino en unas columnas con plantas trepadoras. Siento hierba darme por los codos. Sed. Camino otra vez. Camino alargado y lento, tengo los pies aplomados, las ruedas de mi maleta suenan muchísimo trrrrrrrrrrrrrrrrr trrrrrr trrrrrrrrrrrr trrr sin  hacer eco. Entro a la Postal Office of United States in Ojai, me siento frente a las cajitas de PObox, entro un dedo por la que tiene el vidrio roto y toco la correspondencia del dueño, recibos, un sobre amarillo pequeño. Luz, papel en blanco. Sueño. Duermo sentado. Abro los ojos a las cuatro a.m. Busco un enchufe para recargar mi celular azul samsung. Cierro los ojos, me tiendo como un muerto detrás de la mesita pegado a la pared. Siento unos pasos, abro pronto los ojos, una figura desenfocada entra y se devuelve rápido. Mejor me voy de aquí antes que llamen a la policía o algo. Camino más. Entro al parqueo de un Spa retreat, una mujer guachimán al pie de la escalera de entrada fumando, me mira por encima del humo. Le pregunto si hay un lugar donde me puedo acomodar, me dice que no hay, le explico casi en súplica, le pido un por favor, me repite que NO con el cigarrilo entre los dedos en señal de paz. Camino adelante. Doblo al parque. Surge la idea de meterme en uno de los juegos de niños (como los de Mcdonald, pero sin las pelotas de colores). Subo escaleritas, atravieso un puentecito que se mece. Primero meto la maleta por el tubo, miro alrededor como un búho, me meto al tubo, me tiendo, se me salen un poco los tenis (del cansancio), cierro los ojos los abro los cierro los abro los cierro, pienso estoy flotando a dos metros del suelo, miro por los orificios del tubo, nadie viene, me tranquiliza. Minutos. Me espantan las regaderas automáticas de agua pis pis pis pis pis pis pis pis pis, ¡aguas! Salgo disparado del tubo. ¿Qué hora será? Mentalmente me descruzo de brazos. Camino mojado. Desde el contén del parque diviso la figura de la mujer guachimán en la misma posición, no fuma, creo que me vigila. Camino por el oscurecido parque. Una cancha de tenis y asientos en pirámide de madera verde, clavados, atornillados, alumbrados por la luna. Subo hasta el más alto con mis cosas, me tiendo de nuevo. No me muevo. Hay un calor extraño. Aclarece. Entonces amanece. Cinco de la mañana. Estoy en un estado de querer y no querer. Me he desvelado.
La parte de Ojai Coffee Roasting Co
Ojos abiertos. Me dibujo en mi cama asiento. 8 campanadas. Sábado. El último día del festival de poesía de Ojai. Graznan cuervos. Unos ojaireños montan en sus bicis, otros se internan al parque trotando, parejas de mujeres, un grupo de señoras tililá tililá, diferentes ruidos de pasos. Un hombre se prepara para iniciar un juego de tenis, su mochila en el pavimento verde, él como único jugador. Cojo para el baño público, despido un chorro amarillento de pipí, me hecho agua en la cara y me cepillo con aquafresh. Una muchacha en una falda negra corrie descalza de izquierda a derecha, entra en el baño, sale corriendo hasta que no la veo (había dejado su piano bajo una sombra). El agua de la fuente del parque se enciende, carros, dos niños y dos hombres en el área de juegos, el primer bus hace una parada. Luces. Acción. Doblo a la derecha por la Ojai Ave. Tiendas, vitrinas, letreros de festivales, un concierto Death Metal/Grindcore. Vaya vaya. Entro a Ojai Coffee Roasting Co. Ordeno un chocolate caliente pequeño. Me atiende una linda muchacha con el pelo muy corto. Me siento sólo. Tomo de mi taza ella saluda y es amable y diligente. Allí parece apozarse todo Ojai cada mañana. Se aparece un tipo con un palo largo, sin camisa y con un sombrero al parecer de expedición (entra y al segundo se devuelve al ver tanto Ojai), jevitas en mesitas, atletas, poetas canosos, actores, actrices, un pianista, un carajito con skateboard y el rostro cubierto por un pelo largísimo, un señor tocándole las tetas a su señora que no lleva sostén, etcétera, etcétera. No se me olvida el tipo en silla de ruedas cambiando de posición sus piernas. Diez y media. Regreso al Libbey Bowl. El festival continúa, “What times are these...? A Conversation with poets” Lawrence Ferlinghetti, Suzanne Lummis, Galway Kinnell y Joy Harjo se sentarán hombro con hombro en una mesita cuadrada con mantel blanco. Pienso invitar a una señorita a que venga conmigo. A la una open mic.
La parte autografiada 
"Pienso que no es bueno que digas 'la Poesía tiene sus límites', qué van a pensar estos jóvenes poetas al escucharte. El límite de la Poesía eres tú." Esto se le dice Ferlinghetti a Kinnell cuando Kinnell intentó responderle a una niña que hizo la siguiente pregunta: "¿La poesía hubiese podido detener a Bush?"
Lummis, Kinnell y Harjo leyeron sus respectivos statements. Ferlinghetti no escribió nada. Jariniaron las preguntas. Ferlinghetti: "la Poesía está en el medio, la música Folk se ha tornado muy popular de un tiempo para acá, por ejemplo Bob Dylan, eh". Lummis: "tú puedes cambiar al mundo con la Poesía" Ferlinghetti: "la Poesía cambia una cosa: a ti" Kinnell: "yo creo…" Harjo: "ya mi statement no tiene sentido, anyway" Lummis: "el rap como poesía cae en otro nivel" Harjo: "yo como poesía" Ferlinghetti: "estoy muy de acuerdo con usted" Kinnel:l "hmmm, ¿poetas en la casa blanca? los poetas no necesitan de la casa blanca" Lummis: "yo creo que en política se usa mucho de la poesía para propaganda" Ferlinghetti, pidiendo el micrófono: "olvidé lo que iba a decir" Lummis: "disfruto la poesía de los que hoy me acompañan en esta mesa"
Al final el director (o árbitro) del evento pidió a Ferlinghetti que por favor leyera la última parte de su poema "What is Poetry?" para finalizar. Ferlinghetti le responde mirando el cuadernito "All this?..hmmm..." Alguien en las gradas vocea "Read the whole thing!" Ferlinghetti dispone. Aplausos. Pongo mi maleta contra un tronco, hago la fila de autógrafos. F me reconoce, firma sus libros que son míos, me pregunta si encontré un lugar donde quedarme, riéndome le digo "no, qué va", me dice que va a hablar con al director para que me preste uno, se lo agradezco mucho. Le paso la separata de mi hermano "Jarrón y otros poemas", me da las gracias y lo guarda en su mochila. La gente se impacientaba detrás de mí. Me hecho para el lado. Compro "A map to the next world" de Joy Harjo, leo su firma FOR PAUL ALVAREZ FOR JUSTICE FOR LOVE JOY HARJO. Compro "The avenue Bearing the initial of Christ into the new world" de Galway Kinnell, que firma. Subo la lomita. Salgo del parque.
 La parte de Hairy
Arrastrando mis cosas por la Ojai Ave me encuentro con una de las voluntarias del festival. Su pelo marrón hasta las orejas, sus aretes, todo me la recuerda. Una flaca hermosa. Me sonrié, la llamo bajito. "Hey, aren't you working at the poetry festival?" "Yeah" "Yeah, I remember you, you were at the entrance" Ella me mira. Hablamos un rato. Regresa al festival. Le digo si quiere la acompaño. Seguimos hablando. Le cuento de mi situación, de la intemperie. Me habla sobre una especie de campamento que está a la entrada de Ojai, como por Ventura, que allá era probable que alguien me alojara. "They are very cool" me dice. Le creo. Me escribe en un papel amarillo cómo llegar. Pero eso me tiene sin cuidado. El asunto era que yo quería conocerla. Quién es, cómo es, a qué se dedica. Me dice que si pudiera me llevaría a su sitio a pasar la noche, pero su situación es semejante a la mía, ella no tiene donde vivir igual que yo. Me cuenta un poco sobre sus altas y bajas, más o menos así: Ella nació aquí en el pueblo, hace unos años se mudó a Los Ángeles y ahora sólo se está quedando con alguien por un tiempo, a veces vive sola o con roommate, lo que es lo mismo, conoce gente, nunca ha tenido televisión ni teléfono ni computadora ni se ha casadp ni es localizable, porque sólo se tiene a ella misma, que ahora consiguió esto del festival, que tiene que ir a ayudar con una fiesta de bodas por la noche. Le pido que me cuente y que si es gratis esa fiesta, me dice que a lo mejor sí, que no está segura si es con ticket. Le pregunto si escribe, afirma con la cabeza. Nos sentamos a un brazo de distancia. Ya que estamos ahí oímos a los poetas. Frente al micrófono se para una señora y anuncia que 35 personas se han inscrito para recitar sus poemas, que sólo hay tiempo para 20 de ellas. "Hairy, are you goin' to read?" le pregunto "a a" me dice. Nada. Me gusta el recital. Recitaron viejos poetas con sombreros y barbas, un poeta gringo recitó un poema de desamor en Español, dos niñas poetas de 15 años cada una recitaron a dúo "Hell", un poema llamado Infierno, señoras poetas desarregladas, una poeta con temblor en la voz recitó un poema largo, un poeta que parecía imitar a otro poeta (se lo digo a Hairy y Hairy me dice que lo conoce, un actor de aquí). Poemas íntimos, poemas de diez años de edad, de cuatro años, del mes pasado, de hace quince días. Me despido de Hairy, apunto mi número para que nos veamos en otro lado, quizá mañana. Me desea buena suerte. Dudo. Ahorita les tocará a los poetas regionales.
La parte de las tres amigas mexicanas: una de Guadalajara, una de Jalisco, una de Michoacán 
Tengo sed. Entro a Ojai Coffee Roasting Co. Le pregunto a una muchcacha con arete en la nariz si preparan shakes, "no", me dice que hay un sitio al cruzar la calle, un lugar detrás de ese que me señala con el dedo. Entro a Route US 66. Pido un strawberry shake. "Thank you" Le pregunto a la muchacha su nombre, "Susana".  Me dijo que era de Guadalajara, México. Camino por la pequeña plaza, gente camina. Entro a una tiendita de ropa on sale. Compro una camisa rayada de dos dólares cincuenta. "Have a nice day" me dice la dueña. Regreso al parque, encuentro a una muchacha de pelo negro y falda negra sentada en uno de los jardincitos, tocando un piano de madera, hojas de música sobre su falda, buscando una nota, una nota que no le salía, una nota por nada del mundo. La dejo quieta. Las voces de poetas en el auditorium. Gente quieta en asientos y gente como si nada en la lomita de hierba. Me tiendo en la hierba y trato de escuchar a distancia los poemas. Estoy en la luna, como sordo, pensando en qué del pana Ferlinghetti. Cerca de mí, hay dos muchachas y dos muchachos de pelo largo descamisados. Miro a una de las muchachas que me devuelve la mirada y me dice “Hi” con la mano, toma de una cerveza y se levanta a hablar por celular y cuando regresa roza sus tetas en las piernas y el pecho de uno de los muchachos. Cierro los ojos. Viene a mi mente Susana. Es como si ellos no escucharan los poemas, ellos son movimientos sordos. Qué mierda. ¿Y Hairy? Tengo calor. Tomo una foto de una bicicleta y me voy a caminar, a caminar, amo caminar, moriré caminando. Atrás  los poemas. Sin darme cuenta llego a Route US 66, una vez más tengo a Susana en frente. Le pregunto si le gustaría ir conmigo a un festival de poesía.
"¿Mande?"
"¿Te gustaría ir conmigo a escuchar poesía en el parque?"
"¿Cuál festival?"
"El festival de poesía que tienen... aquí mismo en el parque. Uno de los mejores poetas norteamericanos se va a presentar"
"¿Oh si? Muy interesante"
"A lo mejor podemos entrar los dos con mi ticket"
"¿Cómo te llamas?"
"Paúl"
Hablamos otro poco. Susana acepta. Nos quedamos de reunir en un cuarto de hora para las ocho, cuando terminara de trabajar. Le dije que la pasaba a buscar. Nos sentamos en la hierba. La noche cae. Le enseño las fotos de mi viaje a Chicago, le enseño "La pelota", la traducción de Ferlinghetti y el original firmado, le leo varios poemas. Le regalo una copia de "La pelota" y una de "Un Far Rockaway del corazón" firmados. Nos hacemos amigos.
"Please welcome... Lawrence Ferlinghetti"
La gente aplaude con ganas mientras F se acerca al micrófono y respira profundo y deja libres sus hermosos poemas en la noche, en la conciencia. Mi ticket funciona y la dejan entrar conmigo. Susana y yo mirándonos en la hierba. Susana y Paúl. Ella me ofrece de su Iced tea y me pregunta si ya he comido, "En realidad no" me río. Me ofrece su sándwich de atún con aguacate y pepinillos que hizo antes de cerrar el negocio. Me como la mitad y guardo la otra para el desayuno. La entero de dónde pasé la noche. Me dice que la deje llamar desde mi celular a su mejor amiga, Betty. Tal vez Betty me ayude acon la dormida. Susana me la pone al teléfono, me dice que le hable, que ella entenderá, pero yo no sé por dónde empiezar. Betty me dice que me llamará en un rato, que tiene que consultar con otra amiga y con su roommate. “Gracias Susana por intentar, aunque no resulte, qué se le va hacer... ¿Podrías quedarte a dormir también donde Betty, en caso de que ocurra, para no sentirme tanto un extraño y así Betty confía más?" "Ajá", me dice. Susana vive con su mamá, su papá y varios hermanos. Así que ni pensar en escabullirme por allá. Me dice que se tiene que ir, se le está haciendo tarde. Yo tengo miles de cosas con las que consolarme. Betty me llama a los quince minutos. Dice que está con Ceci (Cecilia, su otra amiga) en la entrada del parque. Susana me asegura que todo va a estar bien, que Betty me quiere conocer. Aunque comprenda que soy un total extraño para ellas, accedo. F recita sus poemas y yo estrecho la mano de Betty y la mano de Ceci. Ambas de México, Michoacán y Jalisco. "¿Por qué hay tantos mexicanos aquí?" digo de payaso. Betty dice "él parece inofensivo", yo digo "eh, nou", nos reímos. Betty no dice sí o no podré pasar la noche, piensa en lo que dirá su roommate, la Leti, la jodona. Tendré que ir a conocerla, a que me conozca, a que me apruebe. Ni modo. "Gracias, ustedes no saben cuánto se los agradezco" "De nada" dice Betty "Vamos". Atrás Ferlinghetti. Susana se va a su casa en Miramontes y promete llamar más tarde para saber qué ha resultado. "Pórtense bien con él" reclama Susana. Betty y yo en el Nissan Maxima de Ceci. Ponemos mis tiestos en el baúl. Leti estaba abrazada a un tipo rubio, reclinada sobre un carro. Alguien me ofrece una corona, le digo no ahora, gracias, estrecho la mano de Leti. Leti tiene cara de pique y de quién es este cuatro ojos. Yo, mosca, pendiente. Leti dice no conocerme, le pregunta a Betty si me conoce, que no me conoce, a Ceci, que no me conoce, Betty le dice que Susana apenas me conoce de hoy, qué joder este, los mexicanos arrimados a la troca tampoco me conocen, y de seguro ni los tipos del bar ya me conocen, nadie me conoce, salvo Ferlinghetti ayer y Susana hoy. Ceci me mira piadosamente y sonríe. Betty le pregunta a Leti que si me deja o no, que sí, nos despedimos (de camino al apartamento Leti llama a Betty y le dice que no lo piense y que no quiere a un desconocido en su casa). Betty me pasa el mensaje. "Oh, gracias de todos modos" le digo 
"Por lo menos vamos para que te bañes...qué lástima"
"De verdad, no hay problema, no te preocupes, voy a estar bien, un baño me caería muy bien, pero primero vamos adonde Ferlinghetti, tengo algo que hablar con él".
"Ah, bien"
Betty, Ceci y yo en un carro. A Betty no la dejan pasar, no está permitido entrar hablando con un celular. Ferlinghetti recita el último poema del festival. Todos aplauden, se ponen de pie. El director dice en el micrófono "Still Ferlinghetti with us", aludiendo al poema. "Nos vemos en un rato" les digo. Ferlinghetti está en una mesa con mantel blanco, sobre la tarima. No hay fila, sólo gente del pueblo amontonada, quieren ver al poeta, sacarle fotos, su firma. Me pongo al lado del poeta, varias veces los fotógrafos me dijeron hágase a un lado. Ferlinghetti, cientos de watts, en shorts y camisa azul, sonriendo, flash. "Hey" me dice, volvemos al tema de la editora. Le pregunto si nos vamos a ver mañana en la mañana. Me dice mirándome con ojos muy azules "I have to go to the doctor" "Oh, ok" yo sin saber qué decirle, le pongo una mano en la espalda, lo sobo, le digo "I´ll go visit you in San Francisco, I will go" Él asiente. La gente continúa apilada. Una señora le pide  al poeta que mire para este lado y él trata de complacerla y a los jóvenes curiosos y  a los adultos caprichosos, en fin. Debo llegarle. Le digo que conseguí un lugar donde quedarme, donde unas amigas, me dice que eso está muy bien, me despido dándole una palmadita en la espalda, de ese océano. Betty abre la puerta de su apartamento, entramos Ceci y yo. El apartamento tiene las paredes blancas, se compone de una alfombra leopardo, una cocina sin division, un mueble, un televisor con dvd player, dos mountain bikes, un baño y dos habitaciones. Entro en escena. Cámara lenta. Betty se excusa por el reguero en el baño, recoge el shampoo y los acondicionadores de la bañera y me pregunta si necesito algo, “Un jabón". Betty y Ceci se sientan en el mueble a ver televisión. Tranco la puerta del baño sin seguro, pensando que ellas no convendrían con eso, no sé. Me afeito, me cepillo los dientes, me quito la ropa, abro la ducha, tardo en entender su mecanismo, saco el Olay de la cajita, uso el shampoo y el acondicionador. Me visto, me pongo la camisa nueva rayada. Salgo, las dos me miran como a una estrella de Bollywood. Me siento en medio de las dos, Betty me pregunta si quiero ver una película, "lo que quieras, estoy a su merced". Ceci y yo nos hacemos preguntas. Susana me llama al celular, la noto con sueño, su voz me acaricia la mejilla, le digo que se acueste, que todo está bien, que me bañé y respiro aire nuevo, que iré mañana a su trabajo, que me gustan 
"Ok, que duermas bien, si necesitas cualquier cosa sólo me avisas"
"Sí, y gracias Susana, si no fuera por ti…"
"De nada"
Betty trae su película favorita "Wild Things" con Matt Dillon. Estamos conversando de qué hacer conmigo. Le digo a Ceci que nos tomemos una foto con su celular para ver cómo sale. Acercamos nuestras mejillas, Betty aún no entiende. Entra Leti con el novio y nos pasa por el lado sin decir media palabra. Betty dice "¿viste lo que hizo esta chava? Ni siquiera nos miró, ¡ay!..." "eh, es hora de irme" le digo. Ceci tiene una idea: “duerme en mi Nissan”. Acepté como se aceptan las curitas. Era su carro, nuevo y espacioso, o era el tubo o el piso del Post Office. Betty nos despide en la puerta y se excusa, "No le des mente a eso, mañana nos vemos, que pases buenas Betty" Ceci me lleva hasta el parqueo techado de su casa, su hermano llega al mismo tiempo que nosotros y nos presenta, "Mucho gusto" sacamos las manos por la ventana. Ceci me busca una manta, “es de México y está hecha a mano” Mañana tiene que llevar a su mamá al trabajo, por si acaso me molesta que me despierten, "Para nada” le digo, “yo despierto temprano" La una de la mañana. Antes de irse le pido que abra un poco el vidrio de la capota. "Buenas noches, que descanses" me dice. "Tú también"

Paúl Alvarez. (1978) Nació en Santo Domingo. Ha publicado dos libros: La Pelota (2004), Un Far Rockaway del Corazón (traducción de A Far Rockaway of the Heart de Lawrence Ferlinghetti) (2004). Actualmente, vive en la ciudad de Nueva York.  El texto anterior  es un itinerario del viaje que el  poeta dominicano hizo a California, específicamente al pueblo de Ojai, con el fin de encontrarse con el poeta Lawrence Ferlinghetti. El objetivo de este encuentro consistía en discutir aspectos de la traducción que hizo Paúl Álvarez del libro A Far Rockaway of the Heart de Lawrence Ferlinghetti y de ponderar las oportunidades de publicar dicha traducción en una editorial española.