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23/10/06

Blanca Varela: ese puerto no existe o un universo casi pájaro



por Ariadna Vásquez

El poeta frente a cada palabra del poema va creando su espejo, y frente a
éste: su propio yo desdoblado en otros que son él mismo y nosotros al mismo
tiempo; el hombre frente a sí mismo.
Un poema siempre es un espejo donde nos reconocemos, donde nos
vamos creando. De ahí la obsesión de muchos poetas por los espejos;
Baudelaire habló del espejo, Lautrêmont se vio en el espejo, Pizarnik huyó por la
repetición del espejo. Un espejo es la otredad frente a uno mismo. En El arco 
y la lira i de Octavio Paz, la poesía se nos presenta como una  revelación de nosotros mismos, un constante crearnos frente a la vida que es  también la muerte, y es precisamente sobre la visión de la alianza de imágenes que devienen de términos aparentemente contradictorios como lo sagrado y lo profano, el ying y el yang, el paraíso y el infierno, de la que los poetas parten para crean ese otro universo que se nos aparece tímido ante nosotros.

21/7/06

Alejandra Pizarnik: morir para liberarse del lenguaje

Por Ariadna Vásquez Germán



"Del combate con las palabras ocúltame
y apaga el furor de mi cuerpo elemental"
A.    Pizarnik

Alejandra está sentada frente a un espejo, se mira, se ríe, se rasguña la piel y dice una palabra por cada poro abierto. Una palabra que no basta, que no es suficiente, que nunca existió y que desaparece en un manto de aire. Luego escribe en su pizarrón, escribe balbuceando, tartamudeando formas de un lenguaje que nadie (sólo ella) conoce. ¿Cuándo fue la primera vez que se vio a través de las palabras? ¿Cuándo se escuchó decirse "alejandra alejandra debajo estoy yo alejandra"? ¿Cuándo se miró por primera vez al espejo y vio la poesía y la poesía a ella?

19/2/06

Ariadna Vásquez Germán


SONETO
Abajo hay un callejón desolado;
Arriba está la azotea desierta,
Sin tendederas, sin alambres: muerta;
No, nada útil me ha sido arrebatado.
Me quedo a mirar, nada ha terminado.
Un hombre me observa y su mano abierta
Tiembla, silba, ríe y abre una puerta,
Suda, aplaude, porque la he encontrado,
Y quiero escribir: mano que medita;
Y sólo escribo: la mano doblada
En la gaveta parece estrujada;
Escribo y la azotea se levanta;
El hoyo, la ciudad, todo se espanta,
Todo lo mío, todo lo que habita.