De El mundo no se acaba
La época de los poetas menores se
acerca. Adiós Whitman, Dickinson, Frost. Bienvenido tú cuya fama nunca irá más
allá de tus familiares cercanos, y quizás uno o dos amigos reunidos después de
cenar ante una jarra de vino tinto... mientras los niños que intentan dormir se quejan del barullo que haces al hurgar en el armario, en busca
de tus viejos poemas, temeroso de que tu esposa los haya tirado en la limpieza
de la primavera pasada. Está nevando, dice aquel que le echó un vistazo a la
noche oscura y luego se volvió a verte, ya listo y preparado para leer sonrojado y con gestos
teatrales, un poema de amor extenso e incoherente, cuya última estrofa (sin que
aún lo sepas) lamentablemente se ha extraviado.
