El reino del deseo
Supongo
que cuando la muerte acaricia
lo
que ayer era tu pelo entre mis manos
mi
ausencia puebla el aire donde anidan los recuerdos.
Supongo
que sientes frío al pronunciar mi nombre sin quererlo.
Desde
aquí es difícil decidir
si
lo que permanece es lo que uno tuvo o lo que perdió
porque
el abismo entre los ojos y los frutos es sublime.
Supongo
que le escribiste un buen final a nuestra historia.
La
tarde si está quieta es tan vieja como las piedras
y
no cae una sola gota al suelo sin mi consentimiento.
La
lluvia seguirá siendo el reino de mis deseos
mientras
borre en el horizonte la memoria del desierto.
Supongo
que viste en sueños el atajo más preciso
hacia
el agua de tu nombre.
Supongo
que si aún la vida eres tú
estamos
desembarcando al mismo tiempo en otro cuerpo.
