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6/4/17

Tres poemas de J J Junieles





Como aire  que se lleva el mundo

A la memoria de mi padre


A dónde tu pecho y las viejas palabras
hoy que los muros y el bronce publican tu nombre,
hoy que me dan ganas de tirarle piedras a Dios,
y casi puedo verte, mi viejo,
lejano y triste, como un santo sin milagros ni día de fiesta.
Cordero mudo ante el pastor que lo ha esquilado.

Que los vivos griten lo que los muertos callan,
padre(incomprensible rostro del amor),
te imagino en un lugar donde los caminos ya no tienen orillas,
donde la hierba no se dobla cuando la pisas.

De allá vienes, alma de mi alma,
como aire que se lleva el mundo,
un fantasma atravesando paredes para llegar hasta esta página:
tú, para limpiarte las cenizas,
yo, para calmar mi pena.

Los años se llevan tanto de nosotros,
pero dejan la respuesta para todas las preguntas:
que nada importa, viejo, que todos somos inocentes,
que ya podemos dormir tranquilos.

18/4/08

J. J. Junieles




Lugar Común, El Miedo

Por miedo a los espantos, mi hermano y yo íbamos a orinar juntos a la cola del patio.
Los fantasmas se ven con los ojos de la nuca —decían los viejos—: “Y si hay azufre en el aire, es mejor salir corriendo, aunque se orinen los pantalones”.
De noche la luna multiplicaba las sombras del patio.
El viento sonaba en la hojarasca como una cadena que se arrastra (la respiración se volvía difícil, recuerdo)
Aquel tiempo ha pasado y la memoria guarda la dicha de compartir              el miedo.
A veces, cuando se peina ante el espejo, mi hermano interrumpe, se voltea, y presiente que alguien se esconde tras las cortinas.
También lo acompaño, por encima del hombro, cuando toma sus alimentos, o por las noches, cuando lee sus libros de lejanas tierras: Marruecos, Tánger, Sudán, Mauretania...
Como ahora, que lee estas palabras que escribí en el margen de una página, y que ambos hemos leído.
Se vuelve, mira a través de mí, y descubro el miedo en su rostro. Pero ya no puedo decirle: “Tranquilo, sólo estoy jugando”. Y empiezo a sentir miedo de mí mismo.