Como
aire que se lleva el mundo
A la memoria de mi
padre
A dónde tu pecho y las viejas palabras
hoy que los muros y el bronce publican tu nombre,
hoy que me dan ganas de tirarle piedras a Dios,
y casi puedo verte, mi viejo,
lejano y triste, como un santo sin milagros ni día de
fiesta.
Cordero mudo ante el pastor que lo ha esquilado.
Que los vivos griten lo que los muertos callan,
padre(incomprensible rostro del amor),
te imagino en un lugar donde los caminos ya no tienen
orillas,
donde la hierba no se dobla cuando la pisas.
De allá vienes, alma de mi alma,
como aire que se lleva el mundo,
un fantasma atravesando paredes para llegar hasta esta
página:
tú, para limpiarte las cenizas,
yo, para calmar mi pena.
Los años se llevan tanto de nosotros,
pero dejan la respuesta para todas las preguntas:
que nada importa, viejo, que todos somos inocentes,
que ya podemos dormir tranquilos.

