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17/5/17

Nueve poemas de Delana Dameron






Al cuerpo, una elegía  
              Repentinamente el cuerpo dice noche.
                             Cyrus Cassells

El cuerpo no es
un insomne, algún 
sonámbulo crepuscular.
Se vuelve para acomodarse
según le plazca, a veces
en contra de tu voluntad.

El cuerpo elige
sus particulares escapadas
a las partes  traseras de la casa.
Buenas noches talón, boomerang
de huesos y tendones.

Buenas noches pies, planos
morteros de la tierra.

Vienen los doctores
a cortarte
a cubrirte con vendajes
de blanco lino. Ves,
tus piernas, tus troncos
de secoya desprovistos
de la corteza de su piel,
en peligro. Buenas noches
riñón, descendido hace tiempo
a un profundo coma,
necesitando máquinas para comer
o beber. Para él,
no hay despertar.

Tu brazo izquierdo hace
tiempo se retiró bajo las
sábanas. Tío, descansa
tu perfecta diestra
que nunca conoció derivación
o aguja, descánsala
para que aterrice la intravenosa. Juntos,
decimos buenas noches al corazón
que ya te ha fallado una vez.

Pero los ojos, ellos se niegan.
Tu boca no quiere irse
tan rápido. Así
que váyase despidiendo, Tío.
Repita sus cien adioses.
Mire esa bendita
bandada de aves
cruzando su ventana.

3/10/16

Presentación de "Telarañas" de Regina José Galindo en Casa Quien






por Frank Báez 

Hace poco me contaron que las arañas suelen tensar sus telarañas y tocarlas como si fuesen instrumentos musicales. Y realmente son instrumentos musicales, ya que emiten un sonido, una musiquita, que es imperceptible para nosotros los humanos, pero que las arañas y sus presas pueden oír con claridad. Es más, las arañas se enteran que han atrapado un insecto por el sonido que hace la red, y por este particular sonido, conocen el rincón de la  telaraña donde está la presa. Traigo todo esto a colación por el título del poemario de Regina que presentamos esta noche. Al igual que esas telarañas a las que hacía referencia, este libro tiene las suyas, estas partituras, estas palabras, que Regina ha sabido afinar hasta lograr sacarles  una música y un ritmo endiablado.

30/8/16

"Trece modos de contemplar un mirlo" por Wallace Stevens






Trece modos de contemplar un mirlo 

1
En medio de veinte nevados  
la única cosa que se movía
era el ojo del mirlo.

29/4/16

Siete poemas de Louise Glück



Semejanza final

La  última vez  que vi a mi padre  ambos hicimos lo mismo.
El estaba parado en la puerta de su habitación,
esperando que yo acabase de hablar por teléfono.
Que él no estuviera pendiente a su reloj
era una señal de que quería conversar.

Conversar para nosotros siempre significó lo mismo.
El decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta.   
Y en eso consistía. 

Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad.
Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca  en la marquesina.

Mi padre y yo evitábamos estar solos;
No lográbamos conectarnos, hablar por hablar.
Era como si no existieran
otras posibilidades.
Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo,
hay de que hablar.    

Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle
los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero
apareció al final de la cuadra
hasta que se detuvo para estacionarse.

Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse.
Dijo que no estaba sufriendo.
Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino.
Lo único que sentía era una especie de debilidad.
Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte.  
Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo.
No gente que conociéramos. Nuevas familias,
familias con niños pequeños.
Las amas de casa se paraban en la marquesina,  gritando o haciendo ademanes. 

Nos dijimos adiós como acostumbrábamos,
Sin abrazarnos, nada dramático.
Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada,
Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer,
ya que le molesta cuando una mano no se  está usando.
Pero por primera vez, mi padre no sólo se quedó parado ahí.
Esta vez saludó. 

Eso mismo hice yo en la puerta del taxi.
Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.

4/4/16

Dos poemas de Dylan Thomas



Poema en octubre
Cumplía treinta años bajo el cielo y fui despertado
por los murmullos del puerto y del bosque vecino
y el estanque con el mejillón y la garza
que predicaba en la orilla de la playa.
La mañana me reclamaba con el agua que rezaba el rosario
y el responso de la gaviota y del cuervo
y el golpeteo de los botes en el muro trenzado por las redes
como invitándome a levantar y echar a andar
en el adormecido pueblo.
Mi cumpleaños empezó con las aves acuáticas
y los pájaros de los árboles alados que llevaban
en vuelo mi nombre sobre las granjas y los caballos blancos
y yo me levanté en el lluvioso otoño y caminé
sobre el chaparrón de todos mis días.
Era en la pleamar cuando la garza se zambulló
y yo tomé el camino más allá de la frontera y de los portales
aún cerrados del pueblo que empezaba a despertar.

8/9/15

Reseña del libro "Trastos, recuerdos. Una biografía de Wislawa Szymborska"



 

 
Trastos, recuerdos.
Una biografía de Wislawa Szymborska 

Anna Bikont  y Joanna Szcesna 
Editorial Pre –textos
Valencia
2015
663 páginas



Octavio Paz decía que la verdadera biografía de los escritores se halla en su obra. Vladimir Nabokov iba un poquito más allá y planteaba que la mejor parte de la biografía de un escritor no es la crónica de sus aventuras, sino la historia de su estilo. Ambas posturas critican de una manera a aquellos que se interesan más por los escritores como personajes que por sus obras. Sin embargo, esto no impide que de tanto en tanto leamos sus biografías con la intención de conocer su infancia, sus romances y sus intimidades, ya que suponemos que fueron estas experiencias las que inspiraron sus escritos. Las mejores biografías son las que nos llevan a releer las obras. Y mientras más buenas son, no sólo nos incitan a releerlas, sino también a reinterpretarlas.  

8/6/15

"Garcetas blancas" de Derek Walcott



Garcetas blancas

1
Cauto ante la luz del tiempo
que permite que las sombras matinales
se extiendan sobre el césped,
a las curiosas garcetas abrir sus picos y tragar
cuando tú, no ellas, o tú y ellas, se hayan marchado;
a las bullosas cotorras alistar su flota en el ocaso
para que abril encienda su violeta africano
en el retumbante mundo que te humedece
esos cansados ojos que detrás de dos lentes
se empañan: amanecer, atardecer,
los discretos estragos de la diabetes.
Acéptalo todo con frases ecuánimes,
con la solución esculpida que fija cada estrofa;
aprende que el césped brillante no opone resistencia
a las filosas preguntas de la garceta
y a las respuestas de la noche.

25/5/15

"Para Ford Madox Ford en el paraíso"


por William Carlos Williams 



¿Hay más paz en el paraíso, mi querido amigo Ford, 
que la que sentías en Provence?  
No lo creo ya que tú con tus alabanzas  
hiciste de Provence  un  paraíso
con lo que podemos hacernos la idea
de cuanta  es tu alegría  en  las presentes circunstancias.    
Era el  paraíso lo que  allí  describías    
y que a pesar de su estrechez tú transustanciabas
para que los senderos y los jardines parecieran un
mundo más grandioso del que ahora habitas.
Pero, querido, te llevaste  casi todo.  
La Provence que tú
alababas tan bien ya no volverá a ser

la misma Provence
ahora que te has ido.  

5/5/13

James Murphy*


Estoy perdiendo ventaja 

Sí, estoy perdiendo ventaja.
Estoy perdiendo ventaja.
Los muchachos se acercan por detrás.
Sí, estoy perdiendo ventaja.
Estoy perdiendo ventaja.
Estoy perdiendo ventaja ante los muchachos 
de Francia y de Londres.
Pero estuve ahí.

Estuve ahí en 1968.
Estuve ahí en el primer show de Can en Colonia. 
Estoy perdiendo ventaja.
Estoy perdiendo ventaja ante los muchachos
cuyos pasos escucho cuando llegan a los escenarios.
Estoy perdiendo ventaja ante los buscadores de internet 
quienes  pueden referirse a cualquier miembro 
de cualquier grupo formado ente 1962  y 1978.
Estoy perdiendo ventaja.

2/1/13

Zachary Schomburg



Un edificio de gatos invisibles 

Al levantarme, ya era  medianoche y el edificio 
estaba en llamas. En el corredor no  había humo  
y de pronto había.  Rescaté a algunos
ancianos de sus bañeras, a algunos bebes
de sus cunas. Afuera, el aire estaba lleno de pelos.
Todos, excepto yo, sostenían una jaula de plástico
con un gato en el interior. No estábamos supuestos a tener gatos
en el edificio, pero allí estaban todos, una nación invisible
que surgía de repente en un mundo  deslumbrante y brutal.
Todos me miraron con una cara que parecía decir: 
No vayas nunca a hablar  de esto. No vayas a mirar 
directamente a aquello que debe ser amado en secreto. Vamos, 
por ejemplo, a imaginar que el mar está siempre, constante y eternamente  derramándose alrededor nuestro, 
que nuestro ruidoso edificio es algo
de lo que vale la pena escapar.

Tomado de Verse Daily,  Fjords Vol.1, 
http://www.versedaily.org/2012/buildingofcats.shtml

Traducción: Frank Báez

25/5/12

Dos poemas de Iman Mersal



Una celebración
El hilo de la historia cayó al piso, así que me agaché para buscarlo. Era una  de esas festividades patrióticas, y lo único que alcanzaba a ver eran zapatos importados y botas militares.
Una vez, sentada en el tren, una afgana quien nunca había estado en Afganistan, me dijo: “La victoria es posible”. ¿Es eso una profecía? Le quise preguntar, pero mi persa  se limitaba a lo que aprendí en los textos de la escuela, y ella me miró, mientras la escuchaba, como si estuviese buscando en un armario cuyo dueño fue consumido  en un incendio.
Supongamos que el pueblo llega en masa a la plaza. Supongamos que el pueblo no es una palabra  obscena  y que comprendemos el significado de la expresión “la masa”. Entonces díganme ¿cómo han aparecido todos esos perros de la policía acá? ¿quién los cubrió con las coloreadas máscaras del partido? Y más importante aun, ¿dónde está el hilo que separa las banderas de los paños menores, los himnos de los anatemas, a Dios de sus criaturas - aquellas que pagan impuestos para deambular por la tierra?
Celebración. Como si nunca hubiese pronunciado esa palabra. Como si saliese de un diccionario griego en el que los espartanos victoriosos retornan a sus hogares con sangre persa aun fresca en sus lanzas y sus escudos.
Puede que no haya existido ese tren, ni la profecía, ni la afgana sentada a mi lado por dos horas. En ocasiones, para matar el tiempo, Dios permite  que nuestra memoria se descarrile. Lo que puedo decir desde acá abajo, entre los zapatos y las botas militares, es que nunca sabré con certeza quién triunfó sobre quién.

3/3/12

Presentación de Poesía Reunida 2000 – 2011 de Homero Pumarol leída el 13 de enero en la puesta en circulación del libro


                                              Una Amistad Literaria


Por Frank Báez

1
Empezó a principios de la década pasada cuando una muchacha bonita y bien vestida se apareció con un librito de un joven poeta al taller literario que yo frecuentaba. Su presencia resultó llamativa, sobre todo por el hecho de que era mujer y de que muchos de los talleristas estaban más interesados en ligar que en compartir sus poemas. Ese era, por ejemplo, mi caso. Al igual que en casi todos los talleres, la dinámica consistía en recomendar los libros que cada quien estaba leyendo y en compartir las propias creaciones. Cuando a la muchacha bonita le tocó el turno, recomendó el librito del poeta joven y explicó que leería un poema que había causado revuelo en el medio intelectual dominicano. Esto no impresionó a ninguno de los talleristas. Todos los poetas creen que sus poemas han causado revuelo en el medio intelectual. Sin embargo, cuando ella empezó a leer, comprendí a lo que se refería. Desde el titulo del poema supe que este era un poeta distinto de los que acostumbraban a leer en los recitales de poesía y en los talleres literarios. No tenía nada que ver con la aburrida poesía del pensar que los talleristas copiaban descaradamente con la esperanza de sorprender a los jurados ochentistas y ganarse los certámenes literarios. De igual manera, no tenía nada que ver con Borges, Paz y Lezama Lima, que eran algo así como la sagrada trinidad para todos los talleristas. El poeta en cuestión tenía algo que no tenía ninguno de los talleristas: una voz. 

10/7/11

"Dignidad" de Bob Dylan


Dignidad

El gordo busca la hoja de acero
el flaco busca su última comida
hombre hueco busca la dignidad 
en un campo de algodón 

El sabio mira la hoja de hierba
el joven mira las sombras que fueron
el pobre mira a través de la vitrina
en busca de la dignidad

Alguien fue asesinado la víspera de año nuevo
Alguien dijo que la dignidad era lo primero que se perdía 
Fui a la ciudad, fui al campo
fui a la tierra del sol de la medianoche

27/4/09

Siete Poemas de Meg Petersen

Trilobites   

Guardo pedazos de ti, el detrito de tu vida, 
cuando tenías una – un arete perdido en mi oficina 
encontrado demasiado tarde,  una carta que enviaste para celebrar el nacimiento 
de mi tercer hijo, una nota garabateada que dejaste 
en el correo, y el curioso colgante lleno de trilobites 
cubierto en ámbar rosa, sus lomos enroscado y resonante 
con verde, un toque de rezumantes burbujas encerradas con colas como cometas…
Confiaba en tales objetos, como si ellos pudieran retener 
tu cáncer como a un vampiro una cruz de madera. 
Pero moriste de todas formas. 

Guardo el pendiente con los trilobites, siento su suave presencia
en mi palma, sostengo lo que una vez sostuviste. 
Recuerdo la primera vez en que lo vi sostenido 
por tus largos dedos de artista en un mercado de pulgas 
para engañar turistas en Santo Domingo, 1996. 
Me preguntaste que eran esas criaturas escondidas dentro. 
Empecé a decirte cómo 
millones de años atrás  los trilobites vivían. 
Estaba a punto de crear alguna metáfora acerca 
de  la sobrevivencia, 
pero me malinterpretaste y pensaste que tan sólo quería el pendiente como si el objeto en sí mismo importara. 
Aun conservo esos condenados trilobites.