Por Arturo Victoriano

“Si nos atrevemos a salir, nos suicidamos” le advierte el poeta a su amante, pues bien, les propongo que salgamos de nuestra concepción tradicional de lo que somos en tanto miembros de una comunidad nacional y nos suicidemos, porque estamos “frente a otro tiempo del que no podemos salir hacia atrás”. Y ustedes se preguntarán ¿Por qué si vine a hablar sobre Josefina Báez y su obra empiezo citando a René del Risco Bermúdez?. Por lo siguiente: si René es quien narra el Santo Domingo que entra a la modernidad (aquí sigo a Miguel D. Mena en su importante ensayo Una fiesta para no perderlo todo: René del Risco, lo dominicano, la modernidad), Josefina Báez es la que nos va a acercar a esa otra ciudad dominicana: Nueva York. Y ambos se enfrentan a las ciudades que los envuelven desde la experiencia individual, ya que no hay en ninguno la vocación de voceros. Pero como sabemos, al ser pasada la experiencia por el tamiz de la creatividad artística y expresada en lenguaje poético, narrativo y performativo se convierte en un prisma a través del cual se pueden ver también atisbos de situaciones colectivas particulares.