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24/7/17

Poemas de Rossalinna Benjamín


Cuerpo en el tocador

¡Corran, gentiles, hay un cuerpo en el tocador!
En tu fondo frío se ven venir morbosos y asustados
me gozo imaginando mis contusiones
llaga fresca
torrente rojo desde mi cara al lavabo
Atreviéndose viscosamente hacia el otro abismo bajo la puerta.
¡Ah, espejito, espejito! ¿No es hermosa tal rotura?

Craaackkkk sostenido de las bisagras…
Turbada delicia del drama en ciernes
Sadismo atento mi cuello en su ajena curvatura
hacia mis manos que se frotan bajo el chorro tibio.
Espejito, espejito…¿no es hermosa tal tortura?

Una mujer se apiada
me presta su sombra
otra, mas bella aún, me echa unos polvos
un travesti moviendo la cabeza incrédulo
me pone su oscura mascara
resignada coloreo mis labios a mordidas
y levanto la mirada temiendo lo inevitable...
se alejan decepcionados y murmuran en el pasillo:
¡Bah! No hay ningun cuerpo.
Apenas una infeliz retocándose el ser para afrontar la burla
de las sobras de esta existencia puta y su piedad
de pacotilla
¡Qué tontería!
Me aligero.

Mi puño contra tu estampida
escupe a chispazos la única sangre que correrá
por las patéticas venas de esta noche sin rugidos.
En la angustia fractal de tu certeza rota...
Se va ensayando de a poco esta belleza obligada
¡Maldito, espejito!
¿Eso soy, esta grieta?

1/6/17

Cinco poemas de Marcos A. Blonda





Una línea

Para Sandra Alvarado

Es a partir de trazar una línea que se hacen las cosas.

Construyes una estructura provisional y fijas un punto, luego
es sólo cuestión de un hilo y cal y hendir la tierra donde la marca señala.

Es siempre a partir de una línea…

Te miro, me miras y nos enredamos en un abrazo de cuerpo completo.

Todo se pierde entonces: las nociones, los ritos, las leyes escritas en papel o en piedra.

Da lo mismo, todo da lo mismo.

No pensaba que fueras posible más allá de las ideas que de ti me hacía.

No creía en ti, en la posibilidad de ti.

No creía en tu estatura o tu voz, ni en tu pelo o tus manos tan pequeñas.

No creía en el teatro, en la persona o el coro de los antiguos griegos  con sus máscaras perdidas en Epidauro.

Había olvidado a Sófocles y a Eurípides en un escrito de mis años de escuela.

Hasta que apareciste y trazaste una línea con la que empezó todo.

21/4/17

Cuatro poemas de René del Risco




El viento frío 

Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por calles en donde empieza a caer la noche.
Debo buscar la sonrisa de mis camaradas
y tocar en el hombro a una mujer
que lee revistas mordiendo un cigarrillo;
ya no es hora de contar sordas historias
episodios de irremediable llanto,
todo perdido, terminado...
Ahora estamos frente a otro tiempo
del que no podemos salir hacia atrás,
estamos frente a las voces y las risas,
alguien alza en sus brazos a un niño,
otros hay que destapan botellas
o buscan entretenidamente alguna dirección,
una calle, una casa pintada de verde
con balcones hacia el mar...
Debo buscar a los demás,
a la muchacha que cruza la ciudad
con extraños perfumes en los labios,
al hombre que hace vasijas de metal,
a los que van amargamente alegre a las fiestas.
Debo saludar a los camaradas indiferentes
y a los que viajan hacia otra parte del mundo,
porque todo ha cambiado de repente
y se ha extinguido la pequeña llama
que un instante nos azotó,
quemó las manos de alguien, el cabello,
la cabeza de alguien.
Ahora se acaban aquellas palabras,
se harán ceniza del corazón,
se quedarán para uno mismo...
Es hermoso ahora besar la espalda de la esposa,
la muchacha vistiéndose en un edificio cercano,
el viento frío que acerca su hocico suave
a las paredes,
que toca la nariz, que entra en nosotros
y sigue lentamente por la calle,
por toda la ciudad...

27/1/17

Tres poemas de Thaís Espaillat




Resolución de año nuevo
Tengo que dejar de escribir poemas tristes
porque un día los verá mi mamá
y no quiero que piense
que lo de la psicóloga no está funcionando

10/10/16

Poemas de Miguel Alejandro Valerio




Autorretrato a los 31

Monotonía de lluvia tras los cristales. 
Antonio Machado


Miedo… a qué le tengo miedo?
Me pregunto sin arrogancia
ni intención de ofender a los dioses
en estos días de interminable lluvia.
He tenido tan poco…
He perdido tanto…
Supongo que le tengo miedo
a la policía y al desahucio.
Pero desde nuestra comodidad
esas son cosas que les suceden
a personajes periodísticos.
Y supongo que como todos
le tengo miedo a la muerte.
Pero a pesar de su silencio milenario,
la conozco tan bien…
(En Roma nos hicimos aún más íntimos
una noche de inclemencia.)
Miedo…¿a qué le tengo miedo?
Sé que no se vuelve.
Y si le tengo miedo a algo
quizá sea a no llegar. 
No llegar a tiempo a tu lecho.
Tener que vivir con tu recuerdo
sin jamás llegar a conocerte.
Llegar al fin del camino
sin haber sembrado una buena semilla.
Sí, tengo miedo, como Neruda,
de morirme sin haber labrado una mesa.

7/1/15

Un poema de Manuel Rueda





Mi madre, desde los 9 años

Mi madre fue un lazo de moaré rosado sobre una trenza oscura.
Sus ojos de fotografía, acuosos y dulces, aún me miran,
desarmada la pobrecilla en su esqueleto de nueve  años,                                                                                                
pero yo la conmino, la insto a seguir,
porque es necesario que nos encontremos. 

12/8/12

"Yélida" de Tomás Hernández Franco*



Yélida 


Un antes

Erick el muchacho noruego que tenía
alma de fiord y corazón de niebla
apenas sospechaba en su larga vagancia de horizontes
la boreal estirpe de la sangre que le cantaba caminos en las sienes.
En el más largo mes del año había nacido
en la pesquera choza de brea y redes salpicada casi por las olas
parido estaba entre el milagro del mar y el sol de medianoche
de padre ausente naufragado
nadador ya de algas profundas y arenas sorprendidas
de escamas y de agallas y de aletas.
Era el quinto hijo para el mar nacido
Erick creció en su idioma de anzuelo y de corriente
fuerza de remo y sencillez de espuma
como todos los muchachos de la playa
mitad Tritón y mitad Ángel.
Pero Erick no sabía nada de eso
—pulso de viento y terquedad de proa—
aprendió los nombres de los peces de las puntas y cabos
la oración del canal y la bahía
a los quince años conocía mil golfos
y sin contar el ya remoto y salobre seno de la madre
ni un solo pensamiento de noruega
le había caminado entre las cejas rubias.
En un anual calafateo de lanchas
llamas estopa y brea
Erick tenía veinte años y era virgen dentro de sus botas de hule
y creía que los niños nacen así como los peces
en la noche quieta de los reposos del mar
pero el tío piloto contaba entre dientes largas historias de islas
con puertos bruñidos y azules
donde centenares de mujeres desnudas subían carbón al barco
donde había pájaros verdes hirviendo de palabras obscenas
y donde en la noche florecía el burdel con hondo aliento de tam-tam.
El tío mascullaba una lejana canción de sol y cocoteros
en lengua que no podía ser noruega y que ponía
en el pulso de viento de Erick pequeños remolinos.
A los veintidós años Erick tenía la mirada gris azul
densa de su alma puesta en dique
y una voluntad de timón y de quilla
por llegar a las islas de las montañas de azúcar
donde —decía el tío— las noches olían a cedro como las barricas de ron
Erick sabía que los marinos noruegos siempre desertaban en las islas
pero cuando estaban bien borrachos los capitanes los metían a patadas
en las bodegas sucias y entonces volvían a Noruega
flacos y callados y tristes.
Con todo y las patadas el marino Erick ya estaba en ruta.

3/3/12

Presentación de Poesía Reunida 2000 – 2011 de Homero Pumarol leída el 13 de enero en la puesta en circulación del libro


                                              Una Amistad Literaria


Por Frank Báez

1
Empezó a principios de la década pasada cuando una muchacha bonita y bien vestida se apareció con un librito de un joven poeta al taller literario que yo frecuentaba. Su presencia resultó llamativa, sobre todo por el hecho de que era mujer y de que muchos de los talleristas estaban más interesados en ligar que en compartir sus poemas. Ese era, por ejemplo, mi caso. Al igual que en casi todos los talleres, la dinámica consistía en recomendar los libros que cada quien estaba leyendo y en compartir las propias creaciones. Cuando a la muchacha bonita le tocó el turno, recomendó el librito del poeta joven y explicó que leería un poema que había causado revuelo en el medio intelectual dominicano. Esto no impresionó a ninguno de los talleristas. Todos los poetas creen que sus poemas han causado revuelo en el medio intelectual. Sin embargo, cuando ella empezó a leer, comprendí a lo que se refería. Desde el titulo del poema supe que este era un poeta distinto de los que acostumbraban a leer en los recitales de poesía y en los talleres literarios. No tenía nada que ver con la aburrida poesía del pensar que los talleristas copiaban descaradamente con la esperanza de sorprender a los jurados ochentistas y ganarse los certámenes literarios. De igual manera, no tenía nada que ver con Borges, Paz y Lezama Lima, que eran algo así como la sagrada trinidad para todos los talleristas. El poeta en cuestión tenía algo que no tenía ninguno de los talleristas: una voz. 

26/7/11

Homero Pumarol (Presencias reales: la poesía dominicana actual)


Revista Ping Pong ¿Cuál fue tu primer contacto con la publicación: recitales, blogs,  revistas, festivales, premios…? 
Homero Pumarol - En ese tiempo,  
el Listín Diario tenía un suplemento. Par de veces me publicaron ahí. Luego salí en una página del Ultima Hora. Entonces empecé a trabajar en mi libro, Cuartel Babilonia. Me olvidé de todo y me fajé hasta que estuve satisfecho. Mira, ese libro lo reconocen por Jack Veneno, pero para mí hay una atmósfera en ese libro, que es lo que yo rescato.

Revista Ping Pong ¿Cuál es la imagen que piensas que se proyecta de la actual poesía Dominicana? ¿Consideras que se atiene a la realidad de la actual creación?
Homero Pumarol - La imagen de la actual poesía dominicana no sé si existe tal cosa. Pues evidentemente no, los actuales poetas no somos manejados por el público, no ruedan nuestros libros, nuestros poemas están en internet pero sigue siendo una minoría que los conoce.

24/4/11

Víctor Villegas (1924-2011)


Elegía a la Muerte 
Eres desde mañana y desde siempre has 
sido simple, hermosa muerte, 
solo y delicado pétalo atrapado en las 
aguas de todas las riberas. 
Cuerpo de espuma, itinerante alondra eres 
en los pasillos del deseo, 
si te desea, multitud de caminos, 
jubiloso retorno, 
cálido vuelo de secretas palomas. 

2/4/11

Por una Poesía sin Fronteras



Por Manuel García Cartagena

 Me propongo presentar aquí algunos aspectos de la situación en que se encuentra una zona importante de la poesía dominicana y caribeña contemporánea en la que se observa una tendencia a propiciar una transformación de los hábitus de consumo y producción de mensajes literarios.
 
En ese sentido, me referiré muy a grandes rasgos a una serie de procesos socioculturales, políticos y económicos que, desde hace por lo menos cuatro décadas, vienen propiciando en los países caribeños la modificación del funcionamiento comunicativo de los textos poéticos. Para decirlo en pocas palabras: la poesía caribeña contemporánea tiende a situarse cada vez más fuera de los libros para salir, ya sea a la calle y a las plazas públicas, ya sea a la escena teatral o audiovisual, ya sea al mundo, por la vía de los libros electrónicos, los blogs y las páginas web.


30/9/09

Gregorio Espinal

La Maldita
Yo soy la maldita
La cosa sin nombre
El germen que insemina el corazón de las tinieblas
Albergo en mis adentros el infierno y la borrasca
La peste que se escurre silenciosa y acechante
Plagando de inmundicia hasta sus propias entrañas

Yo soy la maldita
La inenarrable
El hálito proscrito que divaga en la penumbra
La bestia sanguinaria amamantada por la muerte
Que mata y se desmiembra desangrada en soledades

Yo soy la maldita
El rostro culpable
El dedo ponzoñoso incrustándose en la llaga
El cuervo que se arranca los ojos en la niebla
La daga envenenada que se hunde por la espalda

Yo soy la maldita
La hija de nadie
Muñeca de ceniza devorada por el viento
Un nudo de serpientes que se masacra a sí mismo
Y vomita maldiciendo
Sus pedazos en la sombra

19/8/08

Entrevista a Jeannette Miller

Revista Ping Pong: Empecemos hablando de tu padre, Fredy Miller Otero, excelente escritor  y poeta de mediados del siglo pasado. Según tengo entendido, tu padre fue asesinado cuando eras adolescente. ¿Fue él una influencia decisiva en tu literatura? ¿Te puedes referir un poco a la relación con tu padre?

Jeannette Miller: Después de cierto tiempo, he reflexionado y me he dado cuenta de  que  sí, mi padre fue una influencia decisiva en mi escritura. Dicen que uno va aprendiendo las cosas a través de los hechos, de la práctica, de la experiencia, y yo desde pequeña lo veía escribiendo; él tenía una máquina Underwood de esas clásicas, y escribía muy rápido. Me gustaba verlo sentado ahí con las manos volando sobre el teclado, deteniéndose a veces, para leer lo escrito, ajustándose los lentes. Y yo me embebeía en ese mundo sin entender todavía lo que era el oficio de escribir.


21/12/07

Entrevista a Pedro Conde Sturla


Revista Ping Pong: Este año se cumplen los centenarios de nacimiento de dos grandes poetas dominicanos: Manuel del Cabral y Franklin Mieses Burgos. ¿Cómo situarías a los dos bardos en el contexto de la poesía dominicana y de la poesía latinoamericana?

Pedro Conde Sturla: Manuel del Cabral es nuestro más grande poeta festivo, igual que Moreno Jimenes es nuestro más grande poeta introspectivo y trágico, tanto en su poesía como en su vida. Moreno es un poeta de aguas profundas. Aguas de dolor.
La poesía de Manuel del Cabral es casi siempre una fiesta, celebración de un hecho y un decir, aunque no necesariamente superficiales. Conozco en la literatura latinoamericana pocos poetas que hayan hecho de su poesía un festín tan alegre de la lengua poética como Manuel del Cabral, incluso en situaciones más o menos luctuosas:
Trópico, mira tu chivo
después de muerto cantando.
A palos lo resucitan,
la muerte aquí vida dando.

21/7/06

Orlando Muñoz

Epitafios y Murmullos

1
He aquí
La experticia
No hubo puñaladas
No hubo balas
No hubo disturbios
De ningún órgano vital
Sí palabras esparcidas por todas partes
Como era de esperarse
El poeta murió silenciosamente

Juan Dicent

Mama's back
Mamá llegó de Nueva York
con regalos de la familia
Miguelo tres camisas
trabajando en una bodega del Bronx
Luis dos t-shirts Gap
se emborrachó en Lawrence
unos gringos "wanna ride?"
lo dejaron por muerto.
Rafelito una camisa color lechoza
no trabaja desde Diciembre.
Mirla un libro de Brodsky
tiene una bebé de ojos azules
por Bill el marido gringo.
Fe un Levi's negro y 200 gillettes
maneja un bus escolar en Hoboken
ya no debe beber.
Pedrito nada, preso por drogas en Georgia.
Y fotos:
Gustavo flaco flaco
José y 4 muchachos
Rayana y Marlon montando ponies en Tennesse
Tía Soraida en Central Park
parece un manatí sobre la nieve.

Homero Pumarol

Words
Cuando ellos leen mis poemas 
Siento pedacitos de hielo en la sien,
Como cuando uno bebe frío-frío rápido.
Cuando ellos leen mis poemas
Las palabras me paralizan,
Como cuando quieres algo
Y dices lo primero que piensas:
Cenicero al encendedor,
Fósforos a los cigarrillos,
Como si pidieras un café o un Vodka
Y te trajeran un ataúd o una linterna.
Al final aceptas lo que sea,
-Algo obtuviste a cambio
Y no eres tan imbécil de rechazarlo-
Un grupo de palabras que alguien repite
Y que ya no significan nada para ti.

19/2/06

Ariadna Vásquez Germán


SONETO
Abajo hay un callejón desolado;
Arriba está la azotea desierta,
Sin tendederas, sin alambres: muerta;
No, nada útil me ha sido arrebatado.
Me quedo a mirar, nada ha terminado.
Un hombre me observa y su mano abierta
Tiembla, silba, ríe y abre una puerta,
Suda, aplaude, porque la he encontrado,
Y quiero escribir: mano que medita;
Y sólo escribo: la mano doblada
En la gaveta parece estrujada;
Escribo y la azotea se levanta;
El hoyo, la ciudad, todo se espanta,
Todo lo mío, todo lo que habita.