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5/4/19

"Bajo las estrellas del invierno" de Héctor Viel Temperley



Bajo las estrellas del invierno

La liebre que una vez que yo miraba
atardecer -volaban los chimangos!-
salió del sol y se sentó a mirarme

El pájaro que una mañana
se posó exactamente sobre mi corazón
a una hora en que su cuerpo todavía
calentaba la piel más que el sol

El pene entre mis dedos de ese enfermo
al que ayudé a orinar mientras marchábamos
lentamente una noche a un hospital
cruzando playas de estacionamiento

La perra que buscaba a mi pene en la sombra
cada vez que salía para orinar desnudo
mirando las estrellas del invierno
antes de regresar corriendo hasta el colchón
iluminado por el fuego que ardía toda la noche
en los troncos que hachaba con mi hacha todo el día

28/10/16

Poemas de Soledad Castresana



GnR en CDMX 
(o donde se retoma el tempus fugit)

Ay, tal vez no fui, querido Axl, 
porque no quería verte así:
gordo y sentado, rey vencido.
Habiendo perdonado a tu enemigo, 

O, tal vez, porque no quise 
que me vieras a mí, así: tan bien
casada, madre, adaptadita,
ama de casa, aburguesada.

¿A dónde fueron a parar, querido Axl,
la bandana roja y negra que ceñía 
mi muñeca, las remeras, los pósters, 
los collares de cadena?
Los aros los conservo. Guardados.
No queda bien una señora que en la oreja
lleva una bala, un colmillo, un esqueleto.

Hoy, heme aquí, a cincuenta en Insurgentes
escuchando por la radio emocionada
la crónica de anoche, del concierto,
(parece que llovía, yo dormía, Greta
va a la escuela a la mañana). 

¡Ay, Axl! Debería haberte visto entonces 
cuando tocaron en Baires, cuando todas
éramos jóvenes y bellas, en la gloria, 
en la década más rara de la historia.

Vivía en La Pampa todavía y me negaron
el dinero, el permiso. ¡¿Por qué a mí?! 
¡No es justo! ¡No me entienden! Pataleaba, 
lloraba, como ahora. 

El tiempo huye, Axl, de nosotros. 
Ya no podemos mezclar armas con rosas
(ni vino con cerveza u otras cosas).


A las amigas de entonces: Leonela, Ana, Jésica, Laura, Clara y Paz.
A Maricela, por su Beatus
(inédito)

5/10/16

Poemas de Micaela Godoy






Fui

lluvia y sequía
viento y arena en el mar
luz y sombra
humo y ceniza.
arriba quemando el sol
fui

mujer
de vuelo mestizo
de cosas rústicas
a través del cielo.

24/8/16

Tres poemas de Horacio Fiebelkorn



Cadena
Este es el poema
del amor y la prosperidad.
Quien hasta el fin lo lea,
tendrá la dicha.
Quien lo lea o escuche
hasta el final, obtendrá
buena ventura.
Quien lo abandone
quedará de frente
a la desgracia.


Más vale se queden.
Más vale se abracen
a este poema,
que es amigable
como un perro, sedante
como el lomo de un gato,
emocionante
como la persecución
de una laucha.

Porque este poema
tiene amor
y prosperidad.

Todos hunden su jarra
en el poema
y la llenan
de su jarabe.
Un poema
para la tos,
para los callos,
el reuma, las caries,
la esclerosis. Versos
para la cirrosis
y la neurastenia.


Toda clase de fobias
pueden conjurarse
con estas grageas,
que también
se consiguen
en formato de
supositorios,
plenos de amor
y prosperidad.


No tiren este poema.
No lo tiren.
Rosana Mentasti, de Chivilcoy,
lo leyó hasta el final
y acertó a la quiniela.


Ricardo Santander,
de Almirante Brown,
abandonó el poema
en el segundo verso
y se le secaron las bolas.


Matilde Garófalo,
de Brandsen, tardó
una semana
en leerlo pero al final
pudo curarse
del insomnio.


Marcelo García, de Moreno,
tiró este poema
a una zanja
y fue asaltado
dos veces
en diez días.


Bieaventurados
los lectores pacientes
que miran más allá
y siempre quieren.


Hagan cien copias
de este poema
y repártanlo
entre amigos y enemigos.


Cien copias
por carta
o telegrama
para pegar
en cada puerta.


Cien correos electrónicos.
Cien avioncitos de papel.
Cien en la cara del tiempo,
uno solo en el culo de dios.

4/6/15

Poemas de Natalia Romero






Pasa un avión

Justo arriba mío
cuando levanto la vista pasa un avión.
Lo veo volar lento
cruza por el cielo la entrada del patio
y sé que allá
mantiene la potencia de su velocidad.
Veo la línea fina como de hielo
que deja en el celeste del mediodía.
Desde acá abajo
percibo tan distinta
la distancia.
Es como contarte esto
mientras no estás
o no poder decirte nada
como ahora, que el sol da de lleno
sobre las plantas
y te digo mirá
qué lindas las hojas
y no digo nada más
y el agua que cae sobre las macetas
dibuja la misma línea
que en el cielo dejó el avión.

23/5/12

Cristian Molina





ALGUNOS POEMAS DEL NIÑO C1

Peluches
Ahora que los heterosexuales
dejaron de reproducirse
nuestros hijos peluches
se quedarán sobre la mesita

Así de golpe
dejaron de ser
los que pedían dormir en nuestra cama

Sin embargo ahora
mientras nos miran de lejos
no nos acostumbramos a unos hijos verdaderos

y como se sabe que no van a ser iguales
a ésos del rincón
que abandonamos apenas nos dieron la posibilidad
y aunque -o porque- insistan con que todos los hijos son iguales
querés traerlos a la cama
pero no, no y no
porque ya no es lo mismo
y retengo el impulso
antes de que rompas con el nuevo límite de realidad
y termines como Teresita
-o terminemos como Teresita-
la loca de la Terminal
acunando un juguete.


26 de julio de 2010


22/3/12

Gabriela Bejerman





ya no quiero

ya no quiero
otro beso
de despedida
el dj dejó de tocar
el sol salió
allá en algún lugar
acá llueve sin cesar
ya no quiero
otra canción de amanecer nublado
otra salida hacia la melancholy beach
el dj subió al taxi con su enorme paquete de discos
una novia en cada puerto
para él tocar es posponer
todas las dudas, bailar
ya no quiero hacer un show de borracha
que llora en la pista
ya no estoy para sonrisas
para el vip
ya no quiero bajar la persiana
tener insomnio a las diez de la mañana
quiero un largo día de sol
escuchar a la gente
y olvidarme de mí


21/8/11

Rodolfo Fogwill


Llamado por los malos poetas

Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Que florezcan diez maos en el pantano
y en la barranca un Ele, un Juan,
un Gelman como elefante entero de cristal roto,
o un Rojas roto, mendigando
a la Reina de España. 

19/8/11

Cecilia Galli

Cecilia Galli por Pablo Gimenez Zapiola



Sirena


como todas las noches

estábamos en la playa y venía la ola
maremoto
tsunami
el mar
(siempre se llama distinto).
él me había dicho antes de dormirse
cuando te mueras te voy a extrañar
y después de eso me quedé espantando
mosquitos inmunes
de sus piernitas.
ya no pude dormir.
a las cuatro,
cuando por fin llegó la ola,
no importaba
porque éramos sirenas
nos dábamos la mano
y si yo ponía mi mano delante de mi nariz
no nos ahogábamos.

9/7/11

Facundo Cabral (1937-2011)




Desde lo peor de nadie
Y lo mejor de ninguno 
Renacerás invicto 
En el invicto mundo

Renacerás entre la hierba divina
Que salvara al espíritu de Whitman 
O donde el hombre fue Constantinopla 
O donde fue tan sabia Alejandría

Renacerás un día en los trigales 
Que iluminaron a Van Gogh 
O en medio de la noche misteriosa 
Donde estalló Rimbaud


10/4/11

Javier Galarza

Exhumación
cuerpo
ve los gestos exhaustos del amor
cuerpo
escancia el blanco
en torno a tus versos
crezca
el vacío en torno a ti
(tus textos
tus texturas
tu textualidad)
date a callar
a tu silencio
cuerpo
tú que tiemblas
que sabes
temblar

10/3/11

Entrevista a Natalia Litvinova


Revista Ping Pong- Como abandonaste Bielorrusia con apenas diez años, sentimos que tu infancia pertenece a Rusia.  ¿Cómo fue llegar a Buenos Aires?

Natalia Litvinova - Esta pregunta que me haces es la que traté de responder con mi poesía, por suerte nacieron más preguntas que respuestas. Cuando hago traducciones y leo y escribo en ruso algo inexplicable vibra en mi, y sé que no es algo que adquirí o elaboré ahora,  viene del mundo de la infancia.
Al llegar a Buenos Aires comprendí lo que era perder. Empecé a imaginar cómo será la vida de aquellas personas que tal vez no volvería a ver.  No queriendo llegar, así fue llegar a los 10 años.

8/3/11

Natalia Litvinova

Precisión Silenciosa
Un caballo ciego
cabalga con la crin encendida
entre neblina blanca
y se diluye debajo de mis párpados.
En la oscuridad,
la precisión silenciosa
de los objetos iluminados por la luna,
azota como un látigo.
Todo huele a última nieve.
Una mosca desvanece ante su reflejo
en el amarillento grano de azúcar.
La cara ennegrecida del icono
cava un pozo en la esquina
y desaparece.
Afuera, el río escarlata derrubia
huesos de los tártaros y de los poetas.
Las partículas derrotadas caen sobre mí,
convirtiéndome en estatua.

(Inédito)

30/9/09

Sergio Mattano

Asma.
Para ud es sencillo:
el aire ingresa y egresa de sus pulmones,
infla uno a uno sus alvéolos,
oxigena la sangre y así
sin que ud note el mínimo
acontecimiento.
Pero nosotros no:
nunca fue un acto reflejo,
duele cada centímetro cúbico de aire
y, por lo general, nunca alcanza.
Aprendimos a morir desde pequeños
entre vapores, ventolín y el infierno rudo
de los rezos del nebulizador.
Nosotros conocemos la muerte antes que a ud
se le muriera un abuelito, que en pack descanse,
arriando el ínfimo retoño de O2 hacia el pecho
entre chillidos de la carne que le niega el paso
meditando para vencer el nervio histérico de yacer
ahogados sin una mano que nos seque la febril testa.
Aprendimos a morir y en eso sacamos ventaja,
aunque los años de catecismo insistan
en igualarnos mortales.

Juan Arabia

Eidos
Temí pensar que eras tú y no un lugar, el motivo de mi alegría.
Regresé temblando, como un niño perdido,
recorriendo los desolados rincones,
y contemplando la infinita y geométrica parra.
El aire era tan distinto a todo lo demás,
como cuando estabas conmigo.
Las calles, tierra mojada hacia el atardecer,
me llevaban a los mismos y maravillosos lugares:
el tranquilo y solitario cementerio,
el silencio irrepetible del silencio,
el efímero entusiasmo de saber que no nos cruzaremos con nadie.
Yo quería vivir allí, por siempre,
en ese mismo momento, y bajo esas precarias circunstancias.
(Tú preferías volver, hacia el gris y sórdido detalle)
Aquí las horas desaparecen;
mientras somos, estamos siendo también el mayor de los enigmas.
Un lugar perdido y desconocido por todos me delata.

Andrés Nieva

Suerte
La suerte está echada
detrás de ese árbol,
justo para pegarle
una patada
y revolearla
por el aire.
Para que se desparrame
y cuando caiga
venga mejor.

3/12/08

La voz de Alejandra Pizarnik

Uno se pregunta cómo se oiría la voz de Baudelaire,  la voz de John Keats,  la voz  de Quevedo. De igual manera, nos preguntábamos cómo se oiría la voz de  Alejandra Pizarnik. ¿Sería una voz gangosa? ¿Soñolienta? ¿Con acento porteño? Desde hace unos días,  sabemos las respuestas a esas preguntas,  gracias en parte  a un video que circula por youtube donde se escucha la voz de la poeta argentina.  El video se titula Alejandra Pizarnik: una voz.   Al principio, teníamos nuestras dudas de que se tratara efectivamente de la voz de Alejandra Pizarnik, ya que en youtube no se explica de donde se extrajo la grabación. 


26/11/08

Liliana María Celiz

se incuba al hombre en el recuerdo
en los postigos empapados de la noche (ya no
la claridad en cuanto a flor –los bordes negros-)
el cielo asciende desde el punto de los ojos
(imitación de manos en las cuevas –manos del
revés de la textura de los cuerpos)
y él no está
ni ella en la fracción de sí que hace al espacio
entre las sombras