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7/3/17

Un poema de G. A. Chaves

G.A. Chaves por Fabián Yuan

POR EL RÍO SINUOSO

Hoy como ayer, es difícil escribir
un poema simple. Eso dijo Mei Yao Ch’en.
Llevo horas leyéndolo a él y a Tu Fu, y he notado
que casi todos sus poemas están escritos en presente:
alguien canta una canción del Sur;
es primavera en las montañas; un halcón está
suspendido en el aire. El pretérito aparece
cuando se habla de la muerte: Tu Fu reporta que
un árbol del desierto perdió sus pocas hojas.
Mei Yao Ch’en, en un poema llamado Pena, declara:
“El cielo se llevó a mi esposa”. Pobre de él.
Al final de ese poema ya no ve ni a una sombra
en el espejo. La soledad es así; nos borra.
Una vez me perdí en un gentío — creo que fue
un 15 de septiembre; estábamos de paso en Alajuela
y era la primera vez que yo iba. Por una hora, más o menos,
me sentí tan solo que a veces me cuestiono
si realmente estuve ahí; y si lo estuve,
¿por qué no recuerdo a nadie? Si acaso me quedé
sentado al pie de un muro. Cuando mi hermano me encontró
fue como haber despertado de un sueño ajeno.
Pero volviendo a los versos,
los otros que encontré fueron estos:
“Es lo mismo con esta bella vida
que me era tan querida,” dichos por Mei Yao Ch’en
en Sobre la muerte de un recién nacido,
un poema que termina con una madre vertiendo
lágrimas de sangre, mientras sus pechos aún se llenan
con leche. Sólo que aquí no se usa el pretérito
sino el imperfecto, y algo suena a suspiro.
El pretérito es a la pérdida lo que el imperfecto
a la melancolía. No es lo mismo anhelar lo que se va
que llorar por lo perdido.

(Sobre la calle
una luna sin nubes
    anuncia el viento.)

14/8/16

Poemas de Sebastián Miranda Brenes



Canto al zopilote
                        
“un zopilote
                          siempre es señal de buen augurio”
                                                Alberto Arce Daikini

suspendido
al lado de cualquier nube
vigila el fluir del aire

sus alas extendidas
se impregnan de supremacía 
e irradia la energía de una estrella

desde lo alto
abraza al mundo
y lo contempla decepcionado

nadie recuerda
su tiempo de guerrero
ni de dios
ni cómo transcendió
para ser el protector
de una especie que ha fallado

una especie que ignora
el signo de lo mágico en su cabeza
que se devora el espíritu
quedando
solamente
con sus cuerpos

29/3/11

Esteban Chinchilla


A Orden Natural das Coisas
Las cosas comenzaron a andar mal cuando Manchas se escapó de la casa, cuando los pericos abandonaron el árbol de aguacate y se secó por una enfermedad de las raíces, las cosas comenzaron a andar mal cuando tuvimos que enterrar al hermano de mi abuela Aida, que murió tuerto y sin el testículo derecho entre las ruedas de un tren borracho, que cruzaba las bananeras. Las cosas comenzaron a andar mal cuando tuvimos que enterrar a Frank con 11 años y con un balazo en las costillas, a Tencha por anciana, al angelito de la hermana ilegítima de mamá en el cementerio de los pobres y al que por morbo vi a través de aquella ventanilla empañada, las cosas comenzaron a andar mal cuando tuvimos que enterrar al abuelo Mando que sucumbió a 78 ladrillos en el pecho, al hijo menor de la vecina, a la abuela Aida, a Mariano, a la abuela Mira que vivió un poco más de 50 años con el abuelo Mando y otros 20 casi sola apopléjica y perdiendo una extremidad por año, a una Laura de pelo triste que me prometió un beso en una loma en Escazú y que murió antes por mala praxis, a Diego que se llevó consigo una metáfora que no me atrevo a repetir aquí pero que se asemeja a la sensación de empujar una caja de madera oscura dentro de una lápida de cemento una tarde de mayo del 2005, a Yenori y los ojos de alguien que la amó con culpa, y a su papá panadero en una metrópoli anacrónica, que la vio morir y al que, con un presagio de meses que cantaban las golondrinas de diciembre -en una ciudad sin golondrinas- enterramos en junio. Las cosas comenzaron a andar mal.

27/2/11

Felipe Granados

Por Jeymer Gamboa
Lo recuerdo en la compra-venta de libros que estaba en la entrada del vegetariano en San Pedro. No sé si todavía está esa pequeña jaula de libros donde Felipe se atrincheraba a leer poesía maldita, fumar Rex y beber café espeso. La última vez que lo vi fue en ese local hace unos tres años. Era una pequeña librería, pero con el pasar del tiempo para mí se había convertido en un consultorio. Por lo general me atendía a la una de la tarde y después a las seis que eran los momentos en que me salía del trabajo. Aunque a veces había que buscarlo en el bar colindante o en el mítico Fitos donde comenzaban sus provocadoras conversaciones.

30/9/09

Jenny Cascante González

Temporal
la sábana pegada
a mi cuerpo en clara
rebelión metafísica
pone en evidencia
la bondad inherente
de un amanecer con lluvia.

3/12/08

Para no pensar. Ricardo Marín



por Felipe Granados 

Después de elaborar un largo test acerca de que no es y que es un antipoeta, el único escritor auto designado como antipoeta oficial, Nicanor Parra , nos dejaba lo opción abierta, sin ni siquiera aclarar que se puede escoger todas las anteriores.
En un  intento de aproximación a  la poesía  costarricense más reciente, Juan Murillo, analizaba un grupo, siempre subjetivo como en todos los actos humanos, de poetas donde me incluía, llamándola antipoesía costarricense. 

25/11/08

Ricardo Marín

VI
Colgadas en los portones
las bolsas de basura
hacen que la madrugada tenga sonido.


A través de la lámpara,
la pelusa es una cosmografía en el cuarto.


Si Demi Moore estuviera en su mejor momento,
valdría la pena mantener la TV encendida.
Y no es que no quiera llamarte,
pero del teléfono a tu cama
hay un perro de guerra que se alimenta
de mis mensajes.


Mauricio Molina Delgado

El grifo
humo que brota en la melena de los leones
sueño de mares verdes en la hecatombe de
carneros


has subido la escalera de mi cuerpo
has dado oxígeno a mi mente
visión de cuervos y de pinos

camino que riegan líquidas hierbas
visión sin visiones
animal de amor que camina
los bosques de cedro

he conseguido beber el mar de los tigres
la distancia inmensa de las distancias
el tiempo real de los relojes :
comprender al león profundo
que habita los corderos


Luís Fernando Gómez

Vaivén 1
Es mi segunda mudanza en seis meses y a menos de veinticinco metros. Suena fácil, no tienes que presentarte y el carro se conoce los huecos. El problema: llevarse en hombros la casa mientras la vecindad metiche solo mueve el pescuezo de un lado a otro como diciendo qué necio.
En estos barrios de alamedas donde no hay camión que llegue al frente, la cruzada es un legitimo Pret a Porter, mostrando al público camas, televisores, jol comedor, la refri y el dividi que más tarde van a pedir prestado.


William Duarte Briceño

Los Asesinos
Ayer cerraron la puerta.
Illia me mordía el brazo
mientras el señor Gilles explicaba
las sanguijuelas y
pasadizos del castillo
que podrían entretenerlo.

Dejó una bolsa oscura
sobre la mesa
y advirtió
que no volviéramos a
preguntar por él.

Ayer cerraron la puerta,
acordamos no mencionar
sus nombres
ni permitir que esa puerta
fuera librada de la culpa.

Se mantiene la calma,
pero esa bolsa oscura
nos observa detenidamente
todas las horas de su ausencia.

Hace un momento
un sobresalto
despertó
los cajones
con sus cosas,
algunos recuerdos
barridos bajo la cama
y las pequeñas marcas
que sus dientes
precipitaron sobre mi olvido.

Ayer cerraron la puerta,
seguramente
sus ojos grises
y el cuerpo de esta madre
que late
tímidamente
en presencia de la muerte.


Mario León Rodríguez

De La curvatura del silencio, 2006 ECR.
no importa ligar aspirinas con cerveza
emborracharse inmediatamente después del desayuno
amanecer con los pulmones llenos de herrumbre
seguir aguantando a ese imbécil que sale cada día a las cinco pe eme
de una oficina
tiempo muerto que cambia por dinero
un poco de música que se deshoja hasta ponerse gris
un libro de kerouac que va medio leyendo en un pobre inglés que no le alcanza
de un arroz que a fuerza de costumbre sigue quedando sueltito
recuerdos que llegan marcados con salitre y pinceladas de mierda de palomas
de esas manos despedazadas tan suaves tan blancas
naufragadas en cualquier sucia esquina del miedo
no importan los condones o que te rompan el culo
ni tus obsesiones de araña siempre enredada en telarañas de otros
no importan tus poemas
al final sólo rescatás un poemario de amor
de ellas que amablemente se sumergieron en vos con todo y (sus) tus vicios
sospecharon algo que ni vos te imaginabas
de tus comentarios ácidos y despechados
de tu gorda soledad entre la hambruna de cualquier bar
imaginaron pececitos de colores bailando bajo la luna pasada por agua
entre los acuarios de tus ojos suicidas despedazándose entre el humo de un san
josé
a las cincopeeme
después de diez o más horas de electrochoques de oficina
y no importan tus discos de jazz
ni el libro en inglés que desenredás a poquitos por pura pereza
volvés a vos mismo sin ánimos
para escucharte llover
para enredarte en una noche atrapada en esta ciudad
que se quita la ropa para vos
mientras te besa las manos como limpiando tus heridas
el día se escurre en una alcantarilla
no importan las palabras



María Morales

Continental Breakfast
Queda
para comer
la pasta de dientes retorcida
dentro del vaso plástico con los
cepillos mordidos
por las cucarachas lamiendo
la Panadol
Acetaminofen
Tabcin
y las Vitaminas C
que desayunaré con una taza
de Listerine por la mañana.



Seis poemas de Luís Chaves

Foto de Luis Chaves por Timo Berger


Traducción libre de un tema inédito de Chan Marshall


i
Arrancaron la hiedra.
De raíz. No les fue fácil, sin embargo.
Emplearon podadoras,
palas y guantes para no lastimarse.
Esa hiedra que tardó años en cubrir
la pared al fondo del patio.
Aferrada al concreto, parecía resistirse.
Era su territorio.
Si hubiera podido hablar
no lo hubiera hecho,
habría gritado,
no hubiera perdido el tiempo
en hacerlos entrar en razón
porque el objetivo de esta mañana
era cortarla, ver la pared lisa, perpendicular.
La hiedra dejó marcas
como huellas de ave pequeña,
similares a las que dejan en la arena
los pájaros marinos.


Tenías dieciséis en esa foto,
atrás la hiedra crecía como un cáncer.
Sin simetría, con determinación.
Dieciséis y ya sabías
lo que las manos no alcanzaban,
lo que era tu nombre escrito en tinta china,
lo que era una canción repetida hasta dormir,
despertar con ella.
Sabías de esta ciudad de tullidos,
obesos y descompensados,
condenada a la pequeñez.
La hiedra nada sabía de eso
pero crecía detrás tuyo
en la misma foto
donde aún tenés dieciséis
y ya la pared está totalmente verde,
cubierta por la hiedra que no sabe
lo que nosotros sí.
Por eso pueden cortarla de raíz,
con esfuerzo pero con éxito.
Al sol le da lo mismo,
igual cae directo sobre la pared
donde no está tu sombra.
Ni la hiedra.

Luís Chacón

Página 2 del diario de Emily. Al final, un texto inédito cortesía de su psicólogo.
i
Los sesenta son una porquería.
Ni siquiera el LSD es suficiente
para huir de este trance.
Al menos eso dice mi papá
mientras agarra a mamá por el pelo
y bromea con llamar al nueve uno uno.
Ella amenaza con denunciarlo.
Ambos ríen. Saben que no va a ocurrir.
Él continúa golpeándola.
Mamá actúa como buena esposa.

ii
Adentro de mi hermana
crecía un tumor psicodélico.
Cuando murió
me obligaron a ponerme un vestido rojo
con rayas negras.
La última vez que la vi
ya habían cavado la fosa.

iii
El domingo nos sentamos
a comer juntos en la mesa del patio.
Cuatro años, dos días, ocho minutos después
de dos semanas de reproches,
mi mamá se fue de la casa.
La familia había caducado.


19/9/08

Felipe Granados





Julio Acuña

Tondo
Leones sucesivos
atraviesan el aro,
las melenas en llamas:
sol visto en eclipse,
sol en el cenit,
sintonía del uno
y el universo.

Muerte engarzada de luz:
¡ya no veremos tus garras!



21/8/07

Felipe Granados y su banda sonora


por Floriella Rivas


Para mí es mucho más fácil saber si un libro me va a gustar (antes de
sentarme a leerlo) cuando es de poesía. ¿El secreto? Aprovecharme del azar;
con sólo abrirlo en una o dos páginas cualesquiera me puedo dar cuenta de si
quiero leer el resto. Esto me pasó con el poemario Soundtrack de Felipe
Granados, joven poeta costarricense nacido en 1976.
La poesía de Granados, aterrizada, ácida y ligera, permite al lector
adentrarse directamente en la realidad del autor, quien hace uso de las
palabras como un intento ya no de embellecerla sino de plantearla en signos
planos que proyectan las cosas tal y como son percibidas. En la primera
parte del libro se plantea la dureza de la labor del poeta, de quien el resto del
mundo espera una función decoradora de lo que se dice o se puede decir de
la vida, de las relaciones, de los hombres y las mujeres, cuando lo cierto es
que es imposible pintar con todos los colores un universo cada vez más gris,
sin dejar de ser auténtico con lo que se lleva por dentro y lo que se percibe
de afuera. Y si bien es cierto que la poesía y la literatura en general tienen
una cualidad de polisemia absoluta, para cualquiera que haya intentado
escribir unas cuantas líneas con fines poéticos, es muy fácil sentirse
identificado con esta propuesta.

23/10/06

Entrevista a Luís Chaves


Ping Pong: Hace años preparaste una antología donde introducías la poesía de  Costa  Rica en hispanoamérica, poesía que es desconocida en un sinnúmero
de países y sobre todo aquí en la República Dominicana. ¿Podrías hablarnos de  la  poesía contemporánea en Costa Rica?
Si en algo ha cambiado cierto sector del panorama general de la poesía
costarricense a partir de la segunda mitad de los 90 y hasta la fecha es,
precisamente, en la aproximación a la misma. Para bien o para mal, la retórica y
la sensiblería fueron metidas al congelador. Por lo menos hasta que se cumpla el
ciclo natural y los nietos las vuelvan a sacar creyendo que son helados.
Si bien hay gran distancia entre la ironía sediciosa y potente de María Montero y
la engañosa sutileza de Paula Piedra, ambas nos recuerdan que lo privado es
político. En ellas la mirada al mundo personal es, desde el gesto mismo, una
toma de posición frente al entorno. No es hipérbole apuntar que Mauricio Molina
inaugura un nuevo estilo en la poética costarricense: la mitología aplicada. A
partir de los clásicos (de diversos géneros literarios) Molina no deja de hablarnos
de nuestra aldea. Si se pudiera: un troubadour saprissista; si se pudiera: una
mitología del Gran Área Metropolitana. Camuflado tras una especie de
neobarroco, Alfredo Trejos regresa a la tradición pero por otro camino. Más que
la inercia lírica tan común en el parnaso tico, Trejos prefiere explorar el poder de
la palabra no por lo que dice sino por lo que hace.
Estas cuatro voces hablan de la generación que vivió la agonía de una capital
que, sin etapa intermedia, pasó de las puertas abiertas a las rejas.