El cántaro lleno
Aquí estamos, poesía,
tú, más el yo mismo que me desboca.
Tú y las plantaciones de verde que hemos
culpado a Dios de todo
esto,
pero has sido tú la que hizo el paraíso.
Tú creaste al Sabio Salomón desde el amor
inhóspito,
tú abrazaste a la roca donde edificarán tu
templo.
Tú le diste la vuelta al mar, a sus
costuras, a sus espumas.
Tú inventaste al cielo y, en él, a la luna,
tú le diste sabor a los cráteres, a los
agujeros negros.
Tú has sido portadora de la bacteria que
inventó lo imposible.
Tú fuiste antes que la filosofía. Tú germinaste
en el polen.
Tú fuiste haciéndote piedra de la estatua.
Tú fuiste mi abuelo, mi madre, mi motivo.
Tú eres la razón del beso divino
con que uno conoce ese campo ondulante del
dolor.
Tú estuviste visitando la casa de Heráclito
cuando el río cruzaba dos veces.
Tú has hecho que mire el desierto y lo
riegue,
que me asuste de lo bello,
que me dé miedo el sol. Que le tiemble al
infinito.
Que mire el Cotopaxi y me retuerza,
Tú me diste el asombro. Me diste la savia
elaborada
de los campos. Tú que estás siempre. Que no
traicionas, que no
mientes.
