Sentado en un sillón de mimbre.
Frente a las 78 cartas del tarot.Alrededor de un tintero.
Encima de mi reloj.
Debajo de mi sombrero.
Sobre el tristísimo pan de cada día.
Derramando rabia y silencio con la paciencia de un santo.
Ahogando cristales de azúcar en la humeante taza del café.
Bebiéndome el universo con los sentidos.
Balbuceando sin sosiego cuánto le amo.
(Por más que lo intento, no consigo desprenderme
de esa terrible imagen que como enloquecida yedra
me clava sus garras en el mismo epicentro de la memoria.
Hablo de sus ojos, de esos 2 escarabajos de duro jade
que con ira implacable no dejan de incendiar
el espumoso adiós de mi definitivo pañuelo.)
¡Qué ardua tarea la mía!
