Por Giselle Rodríguez Cid
En
una película que vi hace poco, dos policías borrachos que beben en la barra
de un bar, le aconsejan a un adolescente que nunca confíe en las mujeres que se
conocen en los bares. Yo agregaría que tampoco en los libros, sobretodo en las
revistas que aparecen apiladas sobre la barra. Aunque en Santo Domingo no es
muy común que se de el caso; incluso me atrevería a afirmar que Cinemacafé es
el único bar en toda República Dominicana poseedor de una buena biblioteca.
Hace unos meses, mientras la gente bebía y chismeaba, me acerque hasta sus libros y empecé a leer los lomos. Tiene buenos libros, me dije. Ediciones antiguas de clásicos de la literatura, libros de viaje, de arte, de cine, de fotografía... Hasta que di con un titulo que me llamo la atención y procedí a sacar el libro del estante y empezar a leerlo en medio del bar. Al rato me acerque hasta donde estaba el dueño y se lo pedí prestado.
Hace unos meses, mientras la gente bebía y chismeaba, me acerque hasta sus libros y empecé a leer los lomos. Tiene buenos libros, me dije. Ediciones antiguas de clásicos de la literatura, libros de viaje, de arte, de cine, de fotografía... Hasta que di con un titulo que me llamo la atención y procedí a sacar el libro del estante y empezar a leerlo en medio del bar. Al rato me acerque hasta donde estaba el dueño y se lo pedí prestado.
