Por Paúl Alvarez
¿Por dónde comenzar mi encuentro con William Stanley Merwin?
La gente, los autores, todos, excepto las chicas voluntarias, dan marcha atrás retornando desde las filas hacia el auditórium Harold M. Proshansky. Yo veo a Merwin hablando desde el podio con un señor de sombrero negro. Nos sentamos. Sala llena. Nadie bosteza.
