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3/12/08

Traduciendo a Raymond Carver

 por  Javier Campos
Hay tres páginas del escritor norteamericano, poeta y narrador, Raymond Carver (1938-1988) que siempre quise traducir. Quizás porque el relato de Carver adquiere una cierta universalidad para  los/las que comenzaron  alguna vez a escribir sus primeros poemas, o incursionaron en cualquier tipo de arte. Siempre existe alguien o algo que nos ayuda a continuar en nuestros primeros intentos artísticos. Pero el interés en esas páginas también tiene que ver con la frágil frontera (o ninguna frontera) que para este escritor existía entre la prosa y la poesía. Raymond Carver empezó a escribir poesía y ficción (cuentos) en 1957. Hasta su muerte en 1988 escribió más de 300 poemas (más que su producción cuentística) pero por lo general se le menciona únicamente como narrador, por lo menos fuera del mundo anglosajón. Gran parte de los escritores, principalmente latinoamericanos de los 80-90,  lo consideraron como su gran influencia, pero en el cuento. Roberto Bolaño entre otros. A continuación van esas tres páginas. Lo hago especialmente ahora en el verano norteamericano que por algo que no tiene explicación precisa se presta para re-leer a Carver. Será porque mucha de su poesía y narrativa ocurre en un tiempo sin mucho frío y sin abundante nieve. O porque su producción habla tanto en su poesía como en sus cuentos- sobre la gente de este país que no corresponde a las tarjetas postales o los programas típicos de programas envasados. Carver cuenta en las siguientes páginas el primer encuentro, a los 18 años, con la poesía. He querido mantener su estilo el que de alguna u otra manera ha influido en algunos de los narradores de los 80-90 en América Latina aunque muchos quizás poca importancia le han dado a la poderosa presencia de la poesía en sus ficciones (nota 1).

19/8/08

Javier Campos

El poeta pobre
Juventud, divino tesoro
Rubén Darío
Felices los normales, esos seres extraños.
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante.
Roberto Fernández Retamar
Yo también en mi dorada juventud fui un poeta pobre
dormí miles de noches -como el poeta ruso Serguei Esenin-
mirando las estrellas desde un pajar
también navegué en barcos estancados en la arena de mi pueblo
y como Ulises regresé cuando quise a mi lejana Itaca
pero ningún cíclope me obstruyó el regreso
ni menos cuando quise viajar a otras más ignotas regiones
manejando mis enterrados barcos en las orillas del mar
También en mis momentos más felices o despechado de amor
cometí miles de suicidios con el mismo revólver
-con el cual el poeta Maykovsky a los 30 años se disparó en la cabeza-
o caminé por kilómetros hundiéndome en el mar un día hermoso
al atardecer
como se suicidó caminando hacia las olas del océano, sonámbula,
la poeta Alfonsina Storni
También bebí los vinos más deliciosos del planeta
sin siquiera tener una viñedo propio
ni tampoco un racimo entero de uvas que llevarme a la boca en el verano
como Lázaro de Tormes
Me embriagué con otros manjares venidos desde los Jardines de Babilonia
o de un vaso de oro que tomaba Sherezade
mientras contada mil historias maravillosas cada noche
para que no la mataran
Probé los venenos de las hierbas más milenarias de la tierra
aquellas que los Toltecas tomaban mirando el atardecer en una playa de Oaxaca
o las que bebían los faraones antes de morir para soñar con el paraíso
que les esperaba
Leí miles de libros en una biblioteca vacía de mi madre pobre
mientras en nuestro palacio de oro yo esperaba por siglos,
muerto de hambre, de sed y de frío,
y me hiciera dormir
leyéndome unos de esos libros inexistentes
de nuestra vasta biblioteca de Alejandría
En mi adolescencia como todo poeta pobre
escribí hasta altas horas de la noche en papeles inmaculadamente blancos
fumé todas las hierbas alucinógenas sin volverme demente
ni perdí la lucidez rescribiendo inútilmente por horas
nada más que un sólo verso
También vestí los más hermosos trajes
y me rodearon hermosas mujeres invisibles
de todos los lugares del planeta,
viaje por lugares ignotos, hasta llegar a otras galaxias,
sin moverme siquiera de mi miserable guarida
Me envidiaron miles de otros poetas jóvenes pero ricos
esos que obtuvieron todos los premios inimaginables
y también me envidiaron los tocados por el don de la Poesía,
los que fueron aclamados por reyes, presidentes,
dictadores y príncipes,
o recibidos por multitudes azules como le ocurrió
al poeta Rubén Darío joven
y al poeta Rubén Darío viejo
Aunque todos ellos me desdeñaron y me quitaron el saludo
-mientras continuaban recibiendo premios, invitados por los países ricos
y los países pobres-
ellos jamás citaron en sus libros al poeta pobre
aunque sí copiaron todos mis versos inéditos
y plagiaron todos los libros que nunca escribí.



Un poeta de Irak en Costa Rica

por Javier Campos

Recién llego de un festival internacional de poesía en Centro América. Fue el VII Festival en Costa Rica. Catorce poetas invitados de diversas partes del mundo. A parte de América Latina y de El Caribe -estaba invitado el poeta cubano Miguel Barnet- venían de Egipto e Irak dos excelentes poetas y personas. ¿Qué sabemos de su poesía, esa que se escribe en regiones tan lejanas como El Cairo, Babilonia, Bagdad? A lo mejor algún lector de esta columna sí lo sabe, pero muchos no. Sólo sabemos de Irak por la guerra allí que parece de nunca acabar. “La invasión norteamericana que ha hecho tanto mal. El invasor que ya debió irse hace tiempo“, nos dice el poeta Iraquí Salah Hassan, (uno de los poetas más importantes de Irak) mientras fuma como nunca he visto fumar a nadie. ¿Y qué poesía se escribe en estos momentos allí?