sentarme a leerlo) cuando es de poesía. ¿El secreto? Aprovecharme del azar;
con sólo abrirlo en una o dos páginas cualesquiera me puedo dar cuenta de si
quiero leer el resto. Esto me pasó con el poemario Soundtrack de Felipe
Granados, joven poeta costarricense nacido en 1976.
La poesía de Granados, aterrizada, ácida y ligera, permite al lector
adentrarse directamente en la realidad del autor, quien hace uso de las
palabras como un intento ya no de embellecerla sino de plantearla en signos
planos que proyectan las cosas tal y como son percibidas. En la primera
parte del libro se plantea la dureza de la labor del poeta, de quien el resto del
mundo espera una función decoradora de lo que se dice o se puede decir de
la vida, de las relaciones, de los hombres y las mujeres, cuando lo cierto es
que es imposible pintar con todos los colores un universo cada vez más gris,
sin dejar de ser auténtico con lo que se lleva por dentro y lo que se percibe
de afuera. Y si bien es cierto que la poesía y la literatura en general tienen
una cualidad de polisemia absoluta, para cualquiera que haya intentado
escribir unas cuantas líneas con fines poéticos, es muy fácil sentirse
identificado con esta propuesta.
