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21/5/17

Cinco poemas de Tal Nitzán




Habitación Número 10

La primera noche no dormí porque cómo puede defenderse una
persona echada de espaldas.

La segunda noche no dormí porque el aire se quedó sin aire
viniendo hacia mí.

La tercera noche no dormí porque todos los perros del pueblo se
pusieron a reclamar algo con insistencia.

La cuarta noche no dormí porque otro encontró dentro de una
campana pesada ese sueño que siempre deseé para mí.

La quinta noche no dormí porque los seis ángeles endebles que vi
en la iglesia zumbaban en la habitación hambrientos de mi sangre.

La sexta noche no dormí porque el perro de la pata rota que estaba 
en el camino seguía ahí como una señal cuando volví con su patita
colgada en el aire y sus ojos colgados en mí.

La séptima noche no dormí porque el cielo se puso verde como una
botella.

La octava noche no dormí porque tumbaron a un niño de rodillas y
no gritó o gritó y no lo escucharon.

La novena noche no dormí porque no tenía el cómodo sillón de
Matisse tapizado de terciopelo rojo y no me importó y estuve
sentada contemplando largo tiempo las cortinas que ondeaban en la
brisa y no pasó nada y no me importó y no tenía un buen paraguas
firme de los que no se dan vuelta por cualquier viento y no me
importó y alguien retorció mis palabras entre sus manos una a una
y no me importó y no supe no supe cuándo en esta vida mía
volvería a escuchar el dulzor de aquella música antes de morirme
como todos los demás y me importó.

Traducción: Adam Gai y Tal Nitzán