Habitación Número 10
La primera noche no dormí porque
cómo puede defenderse una
persona echada de espaldas.
La segunda noche no dormí porque
el aire se quedó sin aire
viniendo hacia mí.
La tercera noche no dormí porque todos
los perros del pueblo se
pusieron a reclamar algo con insistencia.
La cuarta noche no dormí porque otro
encontró dentro de una
campana pesada ese sueño que siempre deseé para mí.
La quinta noche no dormí porque los seis
ángeles endebles que vi
en la iglesia zumbaban en la habitación hambrientos de
mi sangre.
La sexta noche no dormí porque el perro
de la pata rota que estaba
en el camino seguía ahí como una señal cuando volví con
su patita
colgada en el aire y sus ojos colgados en mí.
La séptima noche no dormí porque el
cielo se puso verde como una
botella.
La octava noche no dormí porque tumbaron
a un niño de rodillas y
no gritó o gritó y no lo escucharon.
La novena noche no dormí porque
no tenía el cómodo sillón de
Matisse tapizado de terciopelo rojo y no me
importó y estuve
sentada contemplando largo tiempo las cortinas que ondeaban en
la
brisa y no pasó nada y no me importó y no tenía un buen paraguas
firme de
los que no se dan vuelta por cualquier viento y no me
importó y alguien retorció
mis palabras entre sus manos una a una
y no me importó y no supe no supe cuándo
en esta vida mía
volvería a escuchar el dulzor de aquella música antes de
morirme
como todos los demás y me importó.
Traducción: Adam Gai y Tal Nitzán
