Revista Ping Pong ¿Cuál fue tu primer
contacto con la publicación: recitales, revistas, premios…?
MR-C: Fui niña precoz para la escritura, aprendí a los 4 años. Entré a la
primaria de 5 años, ya sabía escribir y leer, entonces la maestra me sentaba
con los niños que iban atrasados para ayudarlos. En la adolescencia, como es
lógico, se volvió un acto compulsivo. Al entrar a la adultez me negaba como
poeta pero seguía
escribiendo poesía para el viento. Ahora no me interesa ninguna etiqueta porque
sin la poesía no tengo NADA, absolutamente NADA y no es drama, mis amigos saben
que soy todo menos drama. Es algo que digo de todo corazón. ¿Premios? Que
lleguen si tienen de llegar, no me quita el sueño eso. Publico desde hace ya
varios años, más de diez creo, tampoco llevo la cuenta…
JC:
La primera vez que publiqué fue en 2006 en la edición de autor de un poemario que
escribí entre los 15 y 16 años titulado Estival,
lo pude realizar gracias al apoyo de una editorial independiente en Tijuana
llamada Existir. Ya luego en 2008 la
Facultad de Humanidades de la universidad donde estudié me apoyo para publicar
otro poemario titulado Crónica de unos
zapatos, el cual había sido premiado en un concurso. Al margen de las
ediciones impresas, pienso que uno también publica cuando hace recitales, es
decir, la oralidad es otra forma de difundir tu obra, y actualmente, hay poemas
que se recuerdan más por el oído que por la lectura en una hoja de papel. En
este sentido las publicaciones actuales, sobre todo de poetas jóvenes, también
están ahora en soportes digitales, son herramientas que hay que aprovechar.
Considero que tanto la noción del libro como la de publicar están entrando en
otra etapa, no pueden ser pensadas bajo los mismos parámetros que antes. Hay
mucho trabajo crítico por hacer para dejar en claro estas cuestiones.